Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas Americanas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas Americanas. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de junio de 2025

Crónicas Americanas '23 | Día 2 - Chicago

 


Skyline de Chicago 


A veces el jet lag puede ser malo pero otras puede resultar una ventaja, como lo fue para nosotros el primer día (y único) completo en la ciudad de Chicago. A las 5 de la mañana ya estábamos levantados y buscamos un bar en las cercanías que estuviera abierto. Buena fue mi sorpresa al ver en el maps que había un bareto hípster abierto, así que nos encaminamos hacia allí para tomar nuestra necesaria dosis de cafeína. Hablo solo de tomar café porque en lo que refiere a un servidor tenía el estómago cerrado gracias a la deep dish de la tarde-noche anterior. El bareto en cuestión muy friki, con las típicas galletas americanas y pastelitos… y un café fuerte, como me gusta a mi. De nombre Peet’s Coffee, situado en el 41 E 8th St.

 



Crown Fountain

Con el regusto del café arrancamos el día turístico en Chicago a las 6 de la mañana, muy tempranito para turistear pero genial si quieres ver la ciudad  sin aglomeraciones. Nos ponemos en marcha camino de la Crown Fountain, obra del artista catalán Jaume Plensa. La verdad es que mola bastante ver esas caras que van cambiando, al menos singulares son. Lo bueno es que no había nadie y ya era de día, así que las fotos quedaron de lujo. Al ladito mismo de la fuente está el inicio de la mitiquísisisisima Route 66, como así lo indica una señal colgada en una farola. Seguimos camino del Millenium Park aun sabiendo que el famosísimo Cloud Gate estaba en obras… al menos la pudimos ver a lo lejos. Dicen que siempre hay que dejar algo por hacer allí donde uno vaya, y disfrutar de la Bean ha sido lo que hemos dejado de hacer en Chicago, entre muchas otras cosas of course, porque con 24 horas en la ciudad hay que priorizar al máximo. Pero bueno, hablando del Millenium Park decir que es un lugar guapísimo donde en verano la gente se reúne, entre otras cosas para asistir a algún que otro evento en el Jay Pritzker Pavilion, un auditorio al aire libre espectacular.




Marina Towers

Seguimos enfilando la brutal Michigan Ave desviándonos por las calles adyacentes y contemplando la impresionante arquitectura de la Windy City, edificios a cada cual más moderno y vanguardista, como el Aqua Tower, el Tribune Tower, la Trump Tower, el mítico John Hancock Center o el modernísimo St. Regis Chicago, que me flipó. Mención a parte merecen las torres Marina City, justo delante del río y que han sido escenario de innumerables escenas de películas o, sin ir más lejos, protagonizan la portada del disco Yankee Hotel Foxtrot del grupo Wilco. Lo cierto es que esa zona de Chicago es acojonante porque es amplia, grande, con el río y las avenidas juntándose frente a los rascacielos. Hay que estar ahí para apreciar la belleza de esta zona de la ciudad.




Postal de Chicago


Seguimos paseando previa excursión a la zona del muelle con destino la Willis Tower y pasamos por delante de otra de las postales clásicas de Chicago: el Chicago Theatre. El cartel es precioso, un icono de la ciudad en toda regla. Una ciudad que nos obsequió con un tiempo un tanto particular, porque no es que hiciera frío (hablamos de mediados de octubre), pero es que amenazaba una lluvia que tu sabes que si empieza puede derivar en tormenta… Lo que sí que hacía era un viento impresionante, llevado por las corrientes del lago Michigan. En unas calles nada, pero en otras el viento era bestial. Tuvimos suerte que el tiempo nos respetara. Llegamos a aterrizar un día después y no hubiéramos visto nada de la ciudad porque la cosa cambió de lo lindo.


Y así como tal cosa llegamos a la Willis Tower, antigua Sears Tower, el edificio más alto de todo Chicago y el tercero más alto de los Estados Unidos con sus imponentes 442 metros. Subimos a lo alto donde hay un mirador espectacular, con el incentivo de que te dejan estar en el Skydeck tres minutos. Se trata de un cubículo transparente, así que puedes estar suspendido con la ciudad de Chicago a tus pies. Es flipante y vale mucho la pena.




Vistas desde el mirador de la Willis Tower

Después comimos alguna cosa, lo primero que me entraba después de la massive Deep Dish de la noche anterior. Solo fue una ensalada sí, pero algo fue algo, y más después de andar 23 kilómetros en toda la mañana. Fue una de las jornadas matutinas más provechosas de mi vida sin lugar a dudas. Perderse por esas calles tan cinematográficas es como estar dentro mismo de una película. Y sí, con lo poco que vimos de Chicago podemos afirmar que es tal como se ve en las pelis, tanto el centro financiero como la periferia, que visitamos a continuación ara ir a ver la estatua de uno de los mitos de los ’90. Sí, hablamos de Michael Air Jordan. Después de salir del metro disfrutando del paseo por esas calles tan Shameless (las casa son tal cual) llegamos al United Center. El estadio en cuestión no lo pudimos visitar porque estaba cerrado, pero en el hall sí pudimos estar, que es donde está la estatua de Jordan. La verdad es que es una pasada, captura perfectamente ese mítico momento saltando de la línea de tiro libre para machacar en canasta.




Air

De vuelta al centro por fin se abre un poco el hambre y decidimos comer en unos de los pubs históricos de la ciudad: el Miller’s Pub, donde comí una de las mejores tartas de mi vida. Sí, no era una porción pequeña, como suele ser costumbre en los States. Nunca olvidaré la cara de Àlex cuando vio venir al camarero (yo estaba de espaldas) con el trozito de tarta...  Con la panza llena y un par de Guinness andamos de vuelta al hotel para al día siguiente prepararnos para dejar lejos, bien lejos, la ciudad de Chicago con la sensación de que lo mejor del viaje aun estaba por llegar.




Estaba de muerte... y casi me mata


                                                               To be continued…


sábado, 31 de mayo de 2025

Crónicas Americanas '23 | Día 1 - Chicago



Siempre hay viajes, destinos y recorridos que cercan nuestra mente durante años. Lugares a los que sabes que una vez en la vida tienes que visitar, que tienes que ver por ti mismo o, sencillamente, saber lo que se siente al recorrer un trayecto que tantas y tantas veces has visto des de Google Maps. Son lugares y carreteras que mitificamos, que imaginamos alguna vez en recorrerlas para llegar al punto soñado. Y llega un día, ese día, cuando se alinean los astros y dices “ahora” y le das al click para comprar el billete de avión. Es un momento mágico porque sabes que no hay vuelta atrás; sabes que vas a ir; sabes que vas a disfrutar descubriendo in situ eso que antes era solo una posibilidad.


Si hablamos ya en el terreno más personal, para un servidor la mayoría de estos destinos se encuentran en Estados Unidos. Gracias a películas, música o, simplemente a la mitomanía general, Estados Unidos es un país que a parte de ser enorme ofrece una variedad increíble de sitios para todos los gustos. Si te gustan las ciudades tienes ladrillo y hormigón; si te gusta la naturaleza tienes parajes naturales únicos; si te gusta la historia tienes sitios clave; si te gusta el cine tienes enclaves icónicos inmortalizados en la gran pantalla; si te gusta la literatura lo mismo; si te gusta la música… en fin, pues ya me entendéis. Cierto que hay personas a las que la cultura yankee no les gusta y yo lo respeto, pero a los que nos gusta Estados Unidos como destino turístico-vacacional es un sitio donde cada vez que vamos nos damos cuenta de lo que nos falta por descubrir.


Entre el 2007, año de las primeras y únicas crónicas americanas publicadas aquí y el 2023, año de mi última visita al país he ido dos veces más (2019 y 2011), pero he decidido publicar mi última visita y seguir hacia atrás. Prefiero ir publicando las últimas crónicas porque son las que tengo más recientes y donde puedo dar más detalles (relevantes o no). Así que nada, espero que a quien aparezca por aquí y le interese el tema encuentre algo de su interés y si no que pase un rato ameno y entretenido.

Muchas cosas han cambiado desde las primeras narraciones que hice, pero lo que no ha cambiado es la buena y fiel compañía de Àlex. Sí, de los siete integrantes que llegamos a ser en 2011, en 2023 solo sobrevivimos dos. Viajar con un grupo amplio o reducido tiene sus ventajas e inconvenientes. Cuanta más gente tenga el grupo más difícil es moverlo, así que menos cosas vas a ver, pero por el contrario cuantas más personas haya mejor te lo vas a pasar en el aspecto de que cada uno aporta algo al grupo, hablando en términos de conversación, anécdotas, risas… No es ni mejor ni peor, pero sí que viajando solo dos personas puedes plantear un viaje más a saco en el aspecto de ver sitios y no parar.



Las mitiquísimas vías alzadas del metro de Chicago

Vamos al ajo entonces y aterrizamos el día 1 en Chicago. Como es costumbre Estados Unidos nos recibe con una cola interminable en el control de inmigración, así que toca pasar por el tubo. En mi experiencia viajando a USA prefiero evitar pillar vuelos de conexión dentro del mismo país, a menos que tengas muchas horas de espera, porque nunca sabes lo que se va a demorar el control de entrada al país y vale más prevenir que curar. Prefiero hacer el vuelo de conexión en Europa y volar directamente a la ciudad de USA que me interese, si existe esa posibilidad. Así que nada, llegada a Chicago con un jet lag terrible y llegada al hotel en el downtown, tiempo justo para dejar bártulos y a la calle que tenemos hambre… Y qué haces si tienes hambre y eres turista recién aterrizado en Chicago? Comer una auténtica deep dish pizza, como no. Así que de camino al Giordano’s quedamos alucinados con la ciudad,que nos recibe con esos modernos rascacielos y esa vibra que solo una mega urbe como Chicago puede tener. Pero lo gordo de la noche no fueron los edificios; lo gordo de la noche fue la deep dish… 



El pitbull de las pizzas

La foto habla por si sola, pero cuando os digo que la pizza es bestial debéis creerme. Recuerdo que le dije a Àlex que pillásemos una talla S para los dos, porque había leído que eran grandes, pero él me dijo “talla M, talla M, que tengo hambre”. No se le puede llevar la contra a ese señor en temas de comida así que M al canto y primer mastodonte gastronómico del viaje. Es brutal. Es como un tipo de masa en forma de tartaleta gigante que se dedican a rellenar de ingredientes poniendo el queso (mucho) al fondo. Nosotros pillamos la BBQ y estaba de muerte. Cierto que a veces en sitios así tan famosos siempre entras con la duda de si la fama que tienen se la han ganado o la han mitificado… pues en el Giordano’s podéis estar tranquilos: fama merecida porque esa pizza estaba buenísima. Eso sí, a la mañana siguiente no hay quien coma porque la sensación de estar lleno a mi me duró hasta el mediodía… ¿Y luego? Pués después de semejante diplodocus queso-cárnico no te queda otra que salir a pasear un poco, aunque yo me durmiera de pie debido al cansancio acumulado. Vueltecita rápida al Chicago Riverwalk y camino del hotel para descansar porque nos esperaban muchos días de tralla de la buena.



To be continued…


 





martes, 30 de septiembre de 2008

Crónicas Californianas | Día 8

Hace casi un año estaba a punto de irme con mis colegas a cumplir el sueño del oeste americano, un sueño que hoy termino de contar. Muchas cosas han pasado desde entonces y sólo hace un año... y ya tengo la mente puesta en el siguiente viaje, esta vez por el norte de Italia. Bueno, y el fin de semana en Dublín que está ahí esperando. Yo recomiendo que preparen pasta y pizzas a unos y Guinness a los otros. Bueno, y un poco de Jack Daniel's claro, que sin mi fiel amigo mis viajes no serían lo mismo... Pero antes de empezar, también, a contar lo que dió de sí la última visita a Londres, quiero terminar de contar los últimos instantes pasados en la genial ciudad de San Francisco.

Después de perder nuestro vuelo que salía de Las Vegas con destino San Francisco, no nos quedó otra alternativa que esperar a que hubiesen sitios libres en los siguientes vuelos con destino a la ciudad de la psicodelia. La verdad es que perdimos el avión por culpa de los intempestivos controles de seguridad. En serio, era para flipar. Y eso que fuimos tres horas antes al aeropuerto... acojonante, no lo puedo definir de ninguna otra manera. Aunque nos aburrimos un huevo y medio esperando sitio en un avión no caímos en la tentación en forma de máquinas tragaperras situadas por todas partes. Y es que definir el aeropuerto de Las Vegas con una palabra es la siguiente: vicio. Ahí empieza o termina todo. Si llegas te encuentras las máquinas justo en la puerta de salida y, si te vas, te las encuentras a modo de coletilla después de todo el juego que has visto en esa mítica ciudad.

Después de llegar a San Franciso (por fin), habiendo perdido medio día, unos se fueron a dormir y otros nos dedicamos a dar un último paseo por la zona del Fisherman's Warf previo descanso. En este último día me dediqué a fotografiar los carteles de conciertos de los años 60 que adornaban el ya mítico Hotel San Remo. Ya de noche paseamos y aprobechamos para comprar esos últimos souvenires (por fín encontré la matrícula usada de California) y otros productos de moda (ropa, fundamentalmente) a buen precio. Se ve que alguien no tuvo suficiente con la bacanal del outlet de Las Vegas...

Así fueron las últimas horas en San Francisco. No tuvimos tiempo para más, ya que el avión para volver a casa nos salía de madrugada. Ahora, cuando miro hacia atrás y recuerdo este viaje una sonrisa se esboza en mi rostro. Doy un voto positivo a mis amigos, que se encargaron de preparar el alquiler del coche, de reservar los hoteles, de comprar las entradas para los Lakers y, como no de conducir, porque pocas horas en la carretera no pasamos. Suerte que Unai The Experience se puso una vez más al volante, que Jordi El Marquès y sus papelitos informativos nos guiaron por los sitios, que Manel y su sombrero siempre tenían los cojones para hablar y dominar el inglés, que Miqui The Same no hace bien una foto ni por asomo ("¿ves este encuadre? Pués hazlo igual") y que Àlex Up There filmara todo lo que le pasó por delante (por cierto, ¿y mi copia del vídeo?). Gracias a todos por los buenos momentos y pensad que se acerca un nuevo viaje para disfrutar y hacer el borderline.

West Coast Forever!

martes, 13 de mayo de 2008

Crónicas Californianas | Día 7

La verdad es que me gustaría escribir más a menudo, pero ya se sabe, hay momentos ideales y hasta hoy no he encontrado uno de ellos. Así que aprobechemos la idoniedad para relatar lo que dió de sí el séptimo día en tierras americanas acompañados del incomparable marco que ofrece el Electric Music for the Mind and Body, de Country Joe & The Fish, un disco estandarte de lo que fué un año para marcar en el calendario si de música hablamos: 1967. Con esa lisérgica guitarra y ese enigmático teclado viajo entre mis recuerdos y en lo que mis ojos vieron ese día, un día realmente emocionante ya que me di cuenta de que nosotros, unos simples mortales, no podemos explicarle nada a la Madre Naturaleza porque, sencillamente, no sabemos nada.

Despúes de dormir poco más de dos horas por culpa del juego y del alcohol nos levantamos para ir a un lugar muy especial: el Grand Canyon. Así que con las baterías de las cámaras de filmar y fotografiar a tope nos elevamos en helicóptero por esas áridas tierras. Debo decir que nunca antes había ído en helicóptero y me encantó, sobre todo viendo las excelentes vistas que de Las Vegas nos ofreció. Vimos la famosa presa Hoover Dam, que es realmente espectacular. Y nada, desierto y más desierto hasta que el Gran Canyon hizo su aparición. Los organizadores de la excursión lo tienen todo calculado: llegamos en línia recta pero no de frente al Gran Canyon, y una vez a la distancia idónea empezamos a virar y así vimos como una de las mayores acciones de la naturaleza se abría poco a poco, mostrando toda su majestuosidad. Me sentí pequeño, ridículo, contemplando tal obra magna, a la vez que hacía realidad uno de mis sueños.

El helicóptero empezó a descender y las paredes del Gran Canyon nos atraparon por completo. De paso vimos la nueva y famosa atracción, el Skywalk. Y descendiendo por esas milenarias paredes se me puso la piel de gallina. Acojonante, sin duda. Aún con el corazón a cien descendimos hasta el Colorado River y almorzamos cava y pastas mientras nos deleitábamos con el lugar. La verdad es que no hay palabras suficientes para describirlo, hay que verlo y punto. No hay más. Y ya que antes hablaba del cava... yo nunca tomo cava, salvo cuando hay un brindis especial, y tomo un par de sorbos y ya está... pero esa mañana me tomé toda la copa.

Cuando ya no sabía a qué más sacar fotos volvimos al aparato para regresar a Las Vegas, no sin antes parar en medio del desierto para repostar combustible. Fué otra gran sensación, ya que no había ni una triste carretera. Allí en medio, sin nada de nada. En medio del desierto de Arizona. Y luego llegó la contraposición: pasamos de una de las mayores creaciones naturales, como el Grand Canyon, a una de las más artificiales: Las Vegas. Una vez más el contraste desierto-Las Vegas fué brutal, y creo que por mucho que lo veas debe costar acostumbrarte.

Muchas emociones vividas y sólo eran las 12 del mediodía. Seguimos disfrutando de Las Vegas visitando su famoso Hard Rock Cafe, con esa Strato y esa Les Paul gigantes custodiándolo. Como no, nos compramos alguna que otra camiseta y recuerdo y seguimos hasta el Hooters Casino Hotel, donde comimos un par de melones, digo, hamburguesas, jeje. Eso es la Meca, y si vuelvo a Las Vegas ya sabéis donde encontrarme, y más después de esas fotos que nos hicimos con las camareras... Y hablando de mecas, Las Vegas tiene múltiples outlets, así que visitamos uno por la tarde. Un servidor prefiere gastarse el dinero en otras cosas, pero reconozco que para alguien a quien le guste quemar el plástico de la Visa a base de comprar ropa ese outlet era la Meca. Y si no que se lo comenten a los amigos Manel, Jordi y Àlex. Unai, Miquel y yo nos comportamos, aunque todos picamos. ¡Y no era para menos! Imaginad un baricentro, con todo de tiendas de marca, mucho más baratas que aquí y con el cambio del dólar a favor... ¿alguien quiere un babero?

Cuando la noche cayó volvimos al hotel a dejar las bolsas --algunos se compraron más maletas para transportar las nuevas adquisiciones-- y visitamos algunos de los hoteles míticos de la ciudad, como el Luxor o el New York! New York! Pim pam, pim pam. Y luego a descansar al hotel, que teníamos que levantarnos muy temprano para tomar un vuelo hacia San Francisco. Eso sí, nunca viene mal echar una ruletilla antes de dormir, junto con un Jack, probando suerte a esos números fetiche que todos tenemos. Y si no queréis ruleta siempre hay esas tragaperras dispuestas. Es cuestión de elegir, pero mejor hacerlo con la BSO de la Naranja Mecánica.

lunes, 14 de abril de 2008

Crónicas Californianas | Día 6

Los bucólicos parajes musicales de Caravan me sumergen en un mar del que no quiero salir. Esa es la belleza de la música y punto. Cada disco es un viaje distinto que merece ser disfrutado con tranquilidad y con los cinco sentidos a tope. La vista para contemplar la portada, el olfato para oler el vinilo, el tacto para ponerlo cuidadosamente en el platillo, el oído para que su esencia nos llegue y el gusto para saberlo saborear. Y si cada disco es un viaje, cada viaje debe disfrutarse como aquel disco que nos pone la piel de gallina. Y así estoy yo ahora con In The Land Of Grey And Pink. Es lo que tienen las obras maestras...

El sexto día en tierras americanas amaneció azul, como si nos invitase a recorrer más y más millas. No nos hicimos rogar y nos adentramos en el desierto con el Death Valley en la mente. Nos aseguramos de llenar el dipósito del coche y enfilamos esas carreteras que no terminan jamás. Y por fin llegamos al Valle de la Muerte, que con el nombre ya queda más que descrito. Pero el Death Valley es tan grande que sólo pudimos ver uno de sus puntos míticos y más famosos: el Zabriskie Point. Qué decir lo que para mi significa ese lugar, con la película que allí se grabó y con esa banda sonora... destacando, como no, mis adorados Pink Floyd. Pude constatar que el Zabriskie Point existe, que no está en otro planeta aunque lo parezca, y que ejerció en mi un poder sobrenatural. Me dejó acojonado desde el primer momento. La Madre Naturaleza ostentando su saber hacer, algo que cada día puedo contemplar en la foto que tengo colgada en la pared.

Zabriskie Point

Como ese coyote, que nos acompañó unos instantes de nuestro viaje, seguimos adelante y paramos a comer en un auténtico oasis en medio del desierto. Y con los estómagos llenos nos encaminamos hacia la meca del hedonismo, hacia el templo del vicio, hecho por el hombre y para el hombre: Las Vegas. Y conduciendo se hizo de noche, así que, como marcaba el guión, pudimos tener la primera visión de la ciudad de los casinos de noche, con el faro del hotel Luxor dominando el cielo. No lo podía creer, estábamos llegando a Las Vegas! Las Vegas! Y con Money de Pink Floyd sonando. Como dije en su día, "mientras el bueno de Roger Waters nos denuncia el poder del dinero nosotros llegamos a Las Vegas".

Las Vegas

Una vez acomodados en el hotel Golden Nugget nos deleitamos con las luces de la ciudad. El derroche es inimaginable y más pensando que Las Vegas no duerme. Cuando uno entra en un casino el tiempo se para en su interior. Igual son las siete de la mañana como las tres de la tarde. Esto no importa para apostar y apostar, para contemplar todas esas mujeres de la vida acercándose a los solterones, para que la bola decida la suerte, para que la tarjeta de crédito se inserte en una máquina tragaperras, para que el crupier reparta las cartas o para que el barman nos sirva un Jack Daniel's (por cierto, los peores que me bebí en todo el viaje). Las Vegas tiene ese poder, ese magnetismo para alguien aficionado a esos vicios. Yo por suerte no lo soy, aunque sea un fiel amigo de Jack, pero siempre me han atraído esas cosas que yo nunca haría. La tentación, eso es, hablamos de eso...


martes, 18 de marzo de 2008

Crónicas Californianas | Día 5

Aún tengo resaca de mi último viaje a Londres, una ciudad que me tiene el corazón robado. Pero antes de contar las cosas que visité esta vez, creo que debo terminar lo empezado y seguir contando lo que dio de sí el viaje por tierras californianas, que fué mucho. Y sólo estamos a la mitad del viaje... aunque por suerte las cosas permanecen imborrables en mi retina y en los miles de fotografías que realicé, que ahora mismo són el hilo conductor de la narración de este viaje. Así que levantémonos por la mañana y visitemos, de una vez por todas, Hollywood Boulevard.

Pues eso, que la archifamosa calle fué lo que visitamos por la mañana que, una vez más, nos obsequió con ese color gris tan característico. Lo primero que vimos y reconocimos fué la Capitol Records Tower, construida en 1942. Mítico edificio, sin lugar a dudas. Iniciamos luego el inevitable paseo por el Walk Of Fame que, digan lo que digan, tiene más fama que belleza. Hollywood Boulevard es una calle normal, pero que en cada una de las dos aceras hay estrellas incrustadas. Por lo demás no tiene nada que ofrecer, pero es un lugar que uno no puede dejar pasar si va a L.A. Además, muchos tramos de la calle están en obras o muy dejados... eso sí, cuando nos acercamos al Kodak Theatre la cosa se arregla un poco. Precisamente en el mirador del teatro que alberga la ceremonia de los Oscar podemos divisar, por vez primera, el Hollywood Sign al natural. Está lejos, sí, pero se ve y tenemos suficiente. Inevitable también es la visita frente al Chinese Theatre, donde los grandes del cine dejaron sus huellas para siempre.

Kodack Theatre

Después nos encaminamos hacia la meca de los melómanos: Amoeba Music. Situada en el 6400 de Sunset Boulevard, la más reciente Amoeba es la tienda de música independiente más grande del mundo. Os juro que cuando entré por esa puerta me quedé acojonado. Miles y miles de discos a la disposición del cliente. Y vamos, un mercado de segunda mano realmente increible. Allí perdí el norte y me dejé llevar por los impulsos, así que en pocos minutos tenía las manos llenas de discos. El control ya no formaba parte de mi persona y yo era consciente de eso, pero me gustaba. Era un animal de consumo impulsivo. Y todo en dólares, claro... Recuerdo que el tío que me cobró me preguntó el por qué de mi compra y todo, y me dio pegatinas, chapas e imanes a expresa petición mía (con Unai como traductor). Amoeba is my love.

Amoeba Music

Lo siguiente que hicimos fué deleitarnos con una sugerente hamburguesa en el Hooters de Hollywood, a fin de tomar fuerzas para encarar nuestras últimas horas en L.A. con garantías. Con un radiante sol que nos ayudó a rebajar nuestros estómagos made in Hooters y alguna que otra calentura con las chicas del local, nos encaminamos hacia el Hollywood Forever Cementery a fin de contemplar la tumba de Johnny Ramone. Impresionante, no puedo decir más. Más solos que la una pero con esa estatua del guitarrista custodiando sus restos para la eternidad al lado de un pequeño lago. Por mis adentros tarareé canciones de los Ramones y recordé estando en NYC las sensaciones frente lo que fué el CBGB. No pude más que darle las gracias por los buenos momentos que he pasado escuchando sus canciones antes de volver a subir a la furgoneta y encaminarme, con mis colegas, hacia Beverly Hills.

Johnny Ramone's Grave

De mansiones vimos pocas, pero para decir la verdad no vimos nada devido a los muros que las protegen. La única que vimos un poco fué una que se utilizó en El Padrino. Incluso estuvimos delante de la supuesta mansión Playboy, y digo supuesta ya que ningún cartel así lo indicaba. Después decidimos visitar dos de los clubes más emblemáticos e importantes de L.A: el Roxy y el Whisky A Go Go. Con sus características luces la mitomanía se plantó ante nosotros. Grupos como los Doors, Buffalo Springfield o Love empezaron en el Whisky. Y en frente la Hustler Hollywood Store, conocida en nuestro círculo de amistades como Amoeba Àlex. Una vueltecita a fin de contemplar las delicatesens del lugar, un refresco y carretera y manta.

Esa noche terminamos durmiendo en Victorville, en un cómodo hotel. Pero no todo fué tan fácil, pues en el primer motel que miramos tuvimos un problemilla con el propietario hindú. Después de ver las habitaciones y el olor que desprenían decidimos buscar otra cosa y el tio se cabreó. What's the problem? fué lo que más repitió de mala manera, enfurecido junto a su mujer. Nos dijo que si decíamos que no y volvíamos más tarde ya no nos daría las habitaciones. Suerte que no sacó el rifle... Así que nada, ya con un hotel en condiciones decidimos olvidar el percance con el hombre bebiendo alcohol y poniendo canciones en un jukebox. La verdad es que ese garito no estaba nada mal, y una de las camareras menos aún.

Jack Daniel's

martes, 5 de febrero de 2008

Crónicas Californianas | Día 4

La mañana amaneció, como era habitual, envuelta en una espesa niebla. Pero eso no fue motivo suficiente para que nuestros cuerpos se aburriesen y dejasen escapar la posibilidad de disfrutar de uno de los parques temáticos más importantes del mundo: el Universal Studios de Hollywood. Antes de llegar a la taquilla entramos en una especie de submundo lleno de tiendas y tiendas que, ya de noche, se convierten en el cebo ideal para miles de turistas que cada día visitan el parque. El negocio es el negocio, amigos, y los norteamericanos saben más que nadie en este campo. Destacar que entre las tiendas se encontraba una impresionante guitarra abanderando el Hard Rock Cafe de Los Angeles. Pero para guitarras las de Las Vegas... En fin, ¡Vámonos al parque a pasarlo bien!

El Unversal Studios es realmente extenso. Lo primero que hicimos fue pasar un poco de miedo en la House Of Horrors. La verdad es que vas cagado durante todo el trayecto, pero a la que te pegan el susto te partes de risa. Los actores están realmente bien caracterizados, casi a punto de rodar una película de miedo made in Hollywood. Lo interesante es pasear por las calles del parque y saborear esos detalles del cine, como por ejemplo el Dodge Charger de 1970 utilizado en The Fast And The Furious, o el mítico coche de los Blues Brothers. Además de atracciones también hay espectáculos. Nosotros asistimos a uno de animales actores, a una demostración de efectos especiales y a otro donde se mostraba el fuego como elemento principal. Pero lo realmente interesante son las atracciones, como la de Terminator 2: 3D, la de Shrek 3D, la de la momia o la de Jurassic Park, un Tutuki Splash a lo béstia y ambientado en una etapa donde los dinosaurios dominan la tierra. Destacar también el tour por los diversos decorados míticos de Hollywood, como el Bates Motel o la casa de su propietario. En dicho tour el espectador se ve inmerso en situaciones típicas de las películas, como inundaciones en el metro, efectos de llúvia, fuego. Sorpresa tras sorpresa.

Universal Studios

Valorando la visita al Universal Studios puedo decir que fue positiva, aunque creo, a opinión estrictamente personal, que le dedicamos demasiado tiempo en detrimento de otras cosas interesantes que queríamos visitar. Lo que yo recomiendo, y más teniendo dos días escasos de tiempo para visitar L.A., es que uno visite las atracciones más significativas, como el Terminator, o el Jurassic Park, que haga el tour de los decorados y que prosiga la visita a la ciudad de los Lakers. Pero repito, es una opinión meramente personal y depende de las prioridades de cada uno.

Benvinguts a Santa Monica!

Ya que la noche se nos echó encima sóló pudimos visitar Santa Monica de noche. Cenamos en un exclusivo restaurante, por un día, y nos encaminamos hacia el famosísimo muelle, escenario de tantas y tantas películas. Pamela Anderson no estaba allí, pero sí en nuestras mentes, salvando a la gente con su salvavidas y con sus dos boyas portátiles en el momento en que traspasamos el cartel cuidadosamente iluminado. Pudimos contemplar la mítica noria e inmortalizar unos instantes realmente agradables de paseo por el muelle. Por cierto, una franquícia de Bubba Gump Shrimp Company se encuentra allí. Nos relajamos contemplando las olas picar contra la playa y contemplando Los Angeles desde ese privilegiado lugar.

La nòria de Santa Monica

Creo que el colofón de la noche no lo puso el amigo Jack ni un buen vino californiano, aunque ponga una foto a continuación. La guindilla de la noche la puso el placer de llegar al hotel y encontrarse esas camas suaves, a fin de garantizar un óptimo descanso para el turista. Incluso alguno de nosotros tuvo la fortuna de dormir con un cuadro de Elvis encima de la cabeza. A otro le tocó Marilyn. Yo prefiero un cuadro de Jack Daniel's.

sábado, 5 de enero de 2008

Crónicas Californianas | Día 3

Más de un mes desde el último post. Las cosas a veces van así, trabajo, obligaciones y, al llegar a casa, ganas de descansar, escuchar música y relajarse. Y así pasando los días hemos llegado al nuevo año, un año que espero que sea favorable para todos vosotros en todos los aspectos. Para mi es un año de cambios importantes, de un asentamiento laboral definitivo, así como tiempo para vislumbrar un futuro con garantías y que me permita seguir haciendo todo lo que me gusta y deseo. Como por ejemplo seguir viajando por el mundo acompañado de buenos amigos mientras las notas siguen sonando...

El tercer día en California empezó temprano, ya que desde Bif Sur debíamos llegar a Los Angeles a una hora concreta, pues teníamos entradas para ver a los Lakers, uno de los equipos más míticos de la NBA. Así que entre niebla y más niebla poca cosa vimos de la escarpada costa, aunque algo sí que se intuía... En una de las paradas pudimos contemplar a focas viviendo en estado natural, mientras las olas del siempre alterado Pacífico golpeaban las rocas. Vale la pena pasarse un rato viendo las focas para contagiarse de su calma, y más en los tiempos de estrés en los que vivimos.

En estat natural...

Pero el camino debía continuar y, a fín de llegar a tiempo dejamos la Route 1 por la 101. No voy a nombrar todos los cochazos que vimos en la autopista para no hacerme pesado, pero sí que voy a decir que vimos algo realmente asombroso: un seat 600 tunning. Y está fotografiado. Si a alguien le interesa que me lo comente por mail, ya que prefiero poner una foto del espectacular Mustang que nos adelantó. Rancheras de ensueño, camiones personalizados, Harleys, Mustangs... Viajar por USA es distinto y punto. Y me estaría toda la vida viajando por esas carreteras, saboreando lo genuino, lo espectacular y lo exagerado. Y estoy seguro de que terminaría comprándome una ranchera en uno de esos espacios típicos de venta de segunda mano. Pero bueno, dejemos los sueños para otro rato que hemos llegado a L.A.

Los Angeles es algo realmente inabarcable. Imaginad las típicas rondas de Barcelona pero con seis carriles por banda. Y en seguida uno se da cuenta de que ha llegado a la meca del cine viendo los murales dibujados en las paredes, motivos de películas y de actores que ya forman parte de la historia del séptimo arte. El hotel se encuentra en pleno Hollywood, a un tiro de piedra de la famosa Capitol Records Tower, la primera torre de oficinas circular del mundo. Genial hotel de la cadena Best Western y que recomiendo desde estas líneas. Pero poco tiempo podíamos perder en el hotel porque nuestra visita al Staples Center estaba cercana, muy cercana, así que con toda la ilusión del mundo para ver un partido de los Lakers allí nos dirigimos.

Las sensaciones que tuve en los momentos previos a la entrada al Staples Center son similares a las previas de un partido del Barça en el Camp Nou. Me justifico: famílias acudiendo al estadio con las camisetas de los Lakers, niños merodeando por los alrededores con la ilusión de ver a sus ídolos, parejas,... todos haciendo tiempo antes de que las puertas abriesen. Y todas las escenas custodiadas por la mítica estatua de Magic Johnson, que se destaca por encima de todo por lo que representa: a uno de los mejores jugadores de la historia.

Magic... per sempre

Una vez dentro todos directos a la tienda a comprar y luego a buscar el asiento. Imponente. Así es el Staples Center por dentro, con capacidad para veinte mil personas. Después de comer algo en los múltiples puntos de venta empezó el espectáculo. Todos de pie para escuchar el himno de los EUA cantado por una chica y a presentar a los jugadores. Como no puede ser de otra manera la ovación de la noche fue para Kobe Bryant, que hizo 33 puntos sin despeinarse. El básquet que se practica en la NBA es otro mundo y quedó patente desde el primer momento. Los Lakers ganaron y todos felices para casa. Al igual que Jack Nicholson (miradlo en la foto, a pie de pista, con una chaqueta marrón y sus gafas de sol), asistente de lujo en todos y cada uno de los partidos. Fue curioso poder ver como el actor deja paso al forofo... Nosotros, por nuestra parte, nos fuimos con las sensaciones que uno puede tener después de asistir a uno de los espectáculos deportivos más grandes del mundo.

Lakers!

Y, como no podía ser de otra manera, la primera noche en L.A. terminó bañada en alcohol en un bar cerca del hotel. Siempre se agradece un poco de whiskey por la noche, así que brindamos por California, por L.A., por los Lakers, por sus animadoras, por Kobe Bryant y por la madre que nos parió.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Crónicas Californianas | Día 1

Hace unos días pude realizar el que denomino el viaje de mi vida. Y, como no, con unos amigos a los que ya para siempre quedaré unido. Eso es lo que tiene ese pedazo de tierra del oeste de EUA, capacidad de anonadar al más impasible y de llevar al borde de la locura al más mitómano. California es playas, ciudades, naturaleza y el ir saltando de un lugar mítico a otro, sin importar el por qué de su condición de icono para muchos. Precisamente en su diversidad radica su belleza y en la capacidad que tenemos los mortales para saberla saborear y hacernosla nuestra. Mi vida, a partir de ahora, va ligada a lo que mis ojos vieron y a lo que mi persona experimentó allí. California es una cicatriz en mi vida, algo que me llena de orgullo.

Después de un largo viaje nuestros cuerpos llegaron a la tierra prometida. Al igual que aquél que antaño soñó con hacerse rico buscando oro, nosotros llegamos a la primera gran parada: San Francisco. Sólo con escribir este nombre se me pone la piel de gallina. Y más recordando ese momento en el que Scott McKenzie cantaba en el coche la canción que John Phillips, de The Mamas & The Papas dedicó a la ciudad... Realmente la mejor bienvenida que podíamos tener. Pero era tarde, el estómago apretaba y las piernas estaban cansadas, así que lo mejor era descansar para afrontar el día de mañana tal como merecía.

Los amaneceres en San Francisco están presididos por la niebla, túrbia como la que más y que ese día en particular no permitía ver a más de dos calles de distancia, las justas para llegar al Fisherman's Warf y desayunar en un establecimiento de la famosa cadena Johnny Rockets. Algo típicamente americano para empezar a deleitarnos con la ciudad. Después de dar un paseo por el muelle, fantasmagórico gracias a la niebla, nuestro destino fue Chinatown. Ahí sí empezaban a haber las calles empinadas que esperábamos... y chinos, muchos chinos. Y chinos ancianos, así que dejémos las leyendas urbanas a un lado. La impresión es estar en la mismísima China, donde los comercios se llevan todo el protagonismo. Las calles nos llevan, paseando, al centro financero, presidido por la calle Market y que nos lleva directo a la calle The Embarcadero. Aquí es donde Manel recuerda haber jugado al Grand Theft Auto y haber conducido por este lugar... Llegamos a la estación central de ferris y tenemos una primera visión del Bay Bridge, uno de los dos grandes puentes que presiden la ciudad. Es hermoso, pero es normal que carezca de interés si el otro puente es el Golden Gate Bridge.

Nos dirigimos al Pier 39, donde se encuentran las famosas focas que, por cierto, están todas amontonadas y expuestas como si se tratase de una atracción turística. Bueno, de hecho son una atracción turística... Pero lo que nos interesa aquí es la primera visión de la Isla de Alcatraz y del Golden Gate Bridge, en el contexto de tiendas, tiendas y más tiendas. Es un muelle dedicado al consumo, pero es agradable pasear por él mientras buscamos algún que otro souvenir. Y todo después de comer en el Hard Rock Cafe de San Francisco. ¿Adivináis el qué? Sí, sí, american burger. Así que tripa contentos nos dirigimos hacia Haight-Ashbury, la primera parada realmente mítica para el fanático que escribe estas líneas. Las casas victorianas sirven para que uno se dé cuenta de que está a punto de pisar uno de los lugares más importantes si hablamos en términos musicales. Allí nació el San Francisco Sound. Allí nació el movimiento hippie y allí estaba yo, contemplando la encrucijada de Haight St. con Ashbury St. Pero las sensaciones que allí tuve serán objeto de otro post. Ahora lo que toca es pedir disculpas al siempre atento Àlex, pues reconozco que me puse muy pesado para que la foto quedase bien, así que gracias. Pero es que era Haight-Ashbury... Àlex, lo que debe quedarte es que te elegí a ti para que me hicieras las fotos porque sabes que eres el único capacitado para hacerlo. Miqui le pone voluntad, sí, pero no nos engañemos... jeje.

Y sin tiempo para visitar la Amoeba ni la casa de los Grateful Dead, así como la de Jefferson Airplane y Janis Joplin, enfilamos las empinadas calles para visionar el Golden Gate Bridge de noche. Es realmente emocionante cruzarlo mientras se deja el Pacífico a los pies. Eso sí, yo pensaba que estaría más iluminado, pues es uno de los iconos de la ciudad. Por otro lado pienso que ya está bien como está, cumpliendo las nuevas normativas sobre la contaminación lumínica que empezarán a implementarse en breve. En todo caso contemplar el icono desde el otro lado de la bahía es algo bello. Y con él San Francisco iluminada.

Y siguiendo las consignas de nuestro cuerpo nos dejamos llevar, durante la noche, por las delicatesens del alcohol, con protagonismo de, como no, mi fiel amigo Jack.

martes, 10 de julio de 2007

Crónicas NewYorkinas

New York es una de esas ciudades que siempre me había llamado la atención. Por fín pude visitarla junto a tres colegas más para impregnarnos de ese aire especial que dicen que tiene Manhattan, corazón de la ciudad, tantas veces inmortalizado en filmes, por ejemplo, de Woody Allen.

Día 1

La llegada a la ciudad de New York fue tal como esperábamos: cansada. Casi dos días sin dormir, ya sea por los nervios o porque en el avión es imposible, pasan factura, pero pasan a un segundo plano cuando las luces de Times Square inundan la escena. Sencillamente un lugar espectacular por la noche, lleno de carteles luminosos gigantes, propaganda de todo tipo y gente, gente y más gente. Precisamente en Times Square tuvimos el primer encontronazo con el tema de las propinas. Según parece debe dejarse entre el 18 y el 20% del total, cosa que no hicimos con esa camarera del Hard Rock Café que tan mal nos atendió. Le dejamos un 8% y nos fugamos literalmente del sitio, mientras uno de mis colegas veía la escena de indignación de la camarera al contar lo que le dejamos. Dejando a un lado esto cabe decir que el Hard Rock de New York es espectacular y que sus hamburguesas están de muerte.

No es una sorpresa quedar atrapado por la belleza nocturna de Broadway por la noche y nosotros no fuimos una excepción. Basta con decir que recorrimos cincuenta metros en una hora...

Jim Beam y a dormir.

Día 2

Sin duda alguna la jornada más intensa. Nos dirigimos a la Grand Central Terminal y contemplamos los edificios de sus alrededores. En plena calle 42 nos encontramos con la majestuosidad del Chrysler Building, que pedía fotos a gritos. Entramos en el hall, decorado con mármol y a buscar el metro a la Grand Central, vigilada por el edificio Met Life.La sala principal de la estación es realmente espectacular. Custodiada por numerosas banderas del país, se nota que es la arteria principal de la ciudad si hablamos de transporte público.

Después de algunos problemas de orientación en el Subway llegamos a Brooklin y atravesamos el famoso puente hasta Manhattan. La Zona Cero fue la siguiente parada. La verdad: impresiona. Impresiona el pensar que allí pasó lo que pasó en aquél fatídico 11 de septiembre del 2001. A través de los plásticos que cubren las verjas puede observarse la frenética actividad en el lugar que ocupaban las dos torres. El lugar volverá a florecer, sin duda, pero va a tardar, cual bosque después de un gran incendio.

Gracias a la merienda a base de hot dogs pudimos seguir hasta Wall Street, centro financiero de la ciudad (y de alguna parte más). El patriotismo nos quedó más claro aún en contemplar la bandera de los EUA gigante colgada en el edificio de la bolsa. Después de echar un vistazo al toro de la zona nos dirigimos a Batteri Park con la intención de visitar The Liberty, la Estatua de la Libertad. En ese parque se ha trasladado esa especie de escultura en forma de bola que estaba delante de las torres gemelas, y se ha encendido una llama perenne en memoria de todo lo que pasó.

Tras pasar unas medidas de seguridad dignas del más seguro aeropuerto y embarcar en el ferry hacia Liberty Island, el skyline nos deleitó con su increible perfil. No me cansé de fotografiarlo mientras a la izquierda la Estatua aparecía como icono, como símbolo y como buque insígnia de la ciudad. Vale la pena anclar en Liberty Island para contemplar de cerca esa imagen que tantas veces uno ha visto en todas partes pero nunca al natural. Y al natural gana, siendo más grande de lo que parece vista en fotografías. Mega sesión de fotos y hacia Ellis Island... o no, ya que por dos minutos perdimos el último ferry... así que nada, hasta Manhattan de nuevo, ducha, relax y Empire State por la noche.

El Empire State Building se encontraba al lado del hotel, así que aprobechando un momento de poca cola en la compra de entradas las adquirimos con la intención de ir más tarde, por la noche, y saltarnos la cola para comprarlas. La jugada nos salió redonda (las entradas tienen una validez de dos años), ya que cuando fuimos la cola para comprar daba casi la vuelta al rascacielos. Subimos casi a la velocidad del sonido con el primer ascensor hasta la planta 80. En un segundo subía unas ocho plantas. Luego subimos a pie hasta el piso 86 y nos deleitamos con las soberbias vistas nocturnas de la ciudad. Se escuchaba un runrun permanente... la ciudad hablaba...

Jim Beam y a dormir.

Día 3

Chinatown, Little Italy y el Soho fueron las zonas que visitamos por la mañana. En Chinatown compramos, como no, imitaciones de relojes. Y en Little Italy comimos... pasta. Nos dirigimos hacia la calle Bowery, zona ya underground de la ciudad, y nos encontramos, por fin, con el mítico club CBGB. O mejor dicho, con lo que queda de él después de que cerrase el pasado octubre. En él empezaron artistas como los Ramones, Patti Smith o Television. Menudas sensaciones tuvo un servidor estando ahí delante y pensando que por esa puerta habían entrado esos ídolos musicales.
El bar dedicado al té, promocionado por Moby, sirvió para que nuestras piernas descansasen un poquito y para que uno de mis colegas se hiciera la foto con la ex mujer de Moby, que se encarga del negocio. La verdad es que la chica no estaba nada mal... Dato curioso: Mike Myers se encontraba en el local, pero al ver la cámara de fotos se asustó y se escondió la cara con la mano.

Por la tarde fuimos de nuevo a Times Square y seguimos andando por la calle 42 hasta llegar al muelle desde el cual parten barcos turísticos. El nuestro no era precisamente tranquilo, ya que iba a toda pastilla y el tipo se pasaba el rato mojando al personal con sus múltiples armas, tales como metralletas o bazocas de agua.

Jim Beam y a dormir.

Día 4

Por la mañana fuimos al Harlem en una excursión que ya teníamos contratada. Visitamos un poco el barrio, estuvimos delante del teatro Apollo, en una casa de George Washington estratégicamente ubicada,pasamos por el lado del estadio de los Yankees, en el Bronx, y asistimos a una misa de gospel. La misa estuvo bien, pero no era lo que esperábamos, quizás porque la iglesia era pequeña o por lo que fuese. Pero yo me lo pasé bien, pues antes que nada soy amante de la música y el gospel me gusta. En todo caso es una experiencia muy recomendable.

Por la tarde fuimos al Central Park y de camino, en Times Square, nos encontramos con el famoso Naked Cowboy, haciendo las delicias de las féminas y tocándoles el culo en el momento de hacerse la foto con él. Todo un personaje, no hay duda de ello. Pasamos también por la Metropolitan Opera House de camino al proximo punto clave: el Dakota. Impresionante, tanto en el sentido arquitectónico como histórico. Allí mataron a John Lennon y recordarlo mientras uno mira el edificio es algo estremecedor. Más alegre es, sin duda, la zona del Strawberry Fields y el memorial circular a John, que reza la palabra "imagine" en el centro.

Descansar en el Central Park es grato, igual que en el Hyde Park londinense. Destaca el lago central con las vistas de los rascacielos al fondo, o la típica estampa newyorkina: gente realizando actividades en el parque en contraposición a la magnitud de las construcciones urbanas. La obligada visita al Museo de Historia Natural empezó bien, ya que la entrada era gratis al tratarse de domingo. Expone multitud de animales disecados y de dinosaurios, así como de objetos relacionados con la historia de las civilizaciones. La verdad es que tuvimos poco tiempo para visitarlo, pues nos echaron literalmente a las 18.30h. Hasta la hora de cenar estuvimos disfrutando del parque y del ambiente, ya que domingo era el día ideal debido a que los newyorkinos hacen fiesta y muchos deciden pasar el día en el pulmón de la ciudad.

Jim Beam y a dormir.

Día 5


Paseo por la Quina Avenida, empezando por la Biblioteca Pública de New York y siguiendo por el Rockefeller Center, la catedral de St. Patricks, el Atlas y las múltiples y lujosas tiendas que acaparan la avenida más famosa del mundo. Como no, entramos en Tiffany & Co., una de las joyeras más caras del mundo. Volvimos tras nuestros pasos cuando llegamos al Central Park y enfilamos la calle 42 hacia el Este, con destino la sede central de la ONU. Frente a ella la Trump World Tower, el edificio 100% residencial más alto del mundo.

Taxi y al Carnegie Hall, el auditorio más importante de la ciudad y puede que de Estados Unidos. Recorrimos parte de la Sexta Avenida, la de las Américas, y nos encontramos con el Radio City Music Hall, ubicado en el Rockefeller Center, que tiene cerca de seis mil localidades. Y de lugar mítico a lugar mítico: el Flatiron Building, para luego terminar donde un día estuvo el Max's Kansas City, mítico club de la ciudad y segunda casa de Andy Warhol y la Velvet Underground. Momentos de euforia para un servidor, sin duda. ¿Y qué mejor manera de terminar el día que tomando un refresco en el Nevada Smith's?

Jim Beam (foto con el dueño del bar dentro de la barra) y a dormir.

Día 6

Nos relajamos paseando por los alrededores del hotel y visitando el Madison Square Garden, que quedaba al lado. Es un lugar mítico, sin duda, pero yo pensé que era más grande y eso me decepcionó un poco, pero vamos, que la visita guiada que hicimos estuvo muy bien y sirvió para pisar esas memorables gradas, que tantas veces han hecho vibrar tanto a los amantes del deporte como de la música. Y hablando de música, irse de New York sin un souvenir del CBGB es un sacrilegio, así que nos dirigimos a la tienda oficial para dejar nuestra condición de herejes.

Jim Beam y a dormir.

Día 7

El día de la despedida de la ciudad fue tranquilo, pues nos pasaban a buscar a las 14.30h para ir al aeropuerto. Paseamos por los alrededores del hotel y fuimos al bar que cada noche vio nuestros cuerpos ingerir cantidades ofensivas de whiskey. Mis colegas siguieron con la tradición, pero yo preferí ahondar en esa stout que es la Murphi's. La camarera, en ver la foto con el jefe del local, conectó en seguida con nosotros y, como no, nos hicimos una foto dentro de la barra con ella. Eran nuestros últimos momentos en la ciudad que nunca duerme y los vivimos intensamente.

Ha sido un gran viaje y una mejor experiencia junto a mis colegas. Recomiendo ir a New York al menos una vez en la vida. Todo allí es grande, lleno de taxis, y con gente amable acostumbrada a tratar con el turista. Espero que esta larga crónica no haya sido pesada. Sólo queda decir: ¡New York! ¡New York!