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domingo, 8 de junio de 2025

Crónicas Americanas '23 | Día 2 - Chicago

 


Skyline de Chicago 


A veces el jet lag puede ser malo pero otras puede resultar una ventaja, como lo fue para nosotros el primer día (y único) completo en la ciudad de Chicago. A las 5 de la mañana ya estábamos levantados y buscamos un bar en las cercanías que estuviera abierto. Buena fue mi sorpresa al ver en el maps que había un bareto hípster abierto, así que nos encaminamos hacia allí para tomar nuestra necesaria dosis de cafeína. Hablo solo de tomar café porque en lo que refiere a un servidor tenía el estómago cerrado gracias a la deep dish de la tarde-noche anterior. El bareto en cuestión muy friki, con las típicas galletas americanas y pastelitos… y un café fuerte, como me gusta a mi. De nombre Peet’s Coffee, situado en el 41 E 8th St.

 



Crown Fountain

Con el regusto del café arrancamos el día turístico en Chicago a las 6 de la mañana, muy tempranito para turistear pero genial si quieres ver la ciudad  sin aglomeraciones. Nos ponemos en marcha camino de la Crown Fountain, obra del artista catalán Jaume Plensa. La verdad es que mola bastante ver esas caras que van cambiando, al menos singulares son. Lo bueno es que no había nadie y ya era de día, así que las fotos quedaron de lujo. Al ladito mismo de la fuente está el inicio de la mitiquísisisisima Route 66, como así lo indica una señal colgada en una farola. Seguimos camino del Millenium Park aun sabiendo que el famosísimo Cloud Gate estaba en obras… al menos la pudimos ver a lo lejos. Dicen que siempre hay que dejar algo por hacer allí donde uno vaya, y disfrutar de la Bean ha sido lo que hemos dejado de hacer en Chicago, entre muchas otras cosas of course, porque con 24 horas en la ciudad hay que priorizar al máximo. Pero bueno, hablando del Millenium Park decir que es un lugar guapísimo donde en verano la gente se reúne, entre otras cosas para asistir a algún que otro evento en el Jay Pritzker Pavilion, un auditorio al aire libre espectacular.




Marina Towers

Seguimos enfilando la brutal Michigan Ave desviándonos por las calles adyacentes y contemplando la impresionante arquitectura de la Windy City, edificios a cada cual más moderno y vanguardista, como el Aqua Tower, el Tribune Tower, la Trump Tower, el mítico John Hancock Center o el modernísimo St. Regis Chicago, que me flipó. Mención a parte merecen las torres Marina City, justo delante del río y que han sido escenario de innumerables escenas de películas o, sin ir más lejos, protagonizan la portada del disco Yankee Hotel Foxtrot del grupo Wilco. Lo cierto es que esa zona de Chicago es acojonante porque es amplia, grande, con el río y las avenidas juntándose frente a los rascacielos. Hay que estar ahí para apreciar la belleza de esta zona de la ciudad.




Postal de Chicago


Seguimos paseando previa excursión a la zona del muelle con destino la Willis Tower y pasamos por delante de otra de las postales clásicas de Chicago: el Chicago Theatre. El cartel es precioso, un icono de la ciudad en toda regla. Una ciudad que nos obsequió con un tiempo un tanto particular, porque no es que hiciera frío (hablamos de mediados de octubre), pero es que amenazaba una lluvia que tu sabes que si empieza puede derivar en tormenta… Lo que sí que hacía era un viento impresionante, llevado por las corrientes del lago Michigan. En unas calles nada, pero en otras el viento era bestial. Tuvimos suerte que el tiempo nos respetara. Llegamos a aterrizar un día después y no hubiéramos visto nada de la ciudad porque la cosa cambió de lo lindo.


Y así como tal cosa llegamos a la Willis Tower, antigua Sears Tower, el edificio más alto de todo Chicago y el tercero más alto de los Estados Unidos con sus imponentes 442 metros. Subimos a lo alto donde hay un mirador espectacular, con el incentivo de que te dejan estar en el Skydeck tres minutos. Se trata de un cubículo transparente, así que puedes estar suspendido con la ciudad de Chicago a tus pies. Es flipante y vale mucho la pena.




Vistas desde el mirador de la Willis Tower

Después comimos alguna cosa, lo primero que me entraba después de la massive Deep Dish de la noche anterior. Solo fue una ensalada sí, pero algo fue algo, y más después de andar 23 kilómetros en toda la mañana. Fue una de las jornadas matutinas más provechosas de mi vida sin lugar a dudas. Perderse por esas calles tan cinematográficas es como estar dentro mismo de una película. Y sí, con lo poco que vimos de Chicago podemos afirmar que es tal como se ve en las pelis, tanto el centro financiero como la periferia, que visitamos a continuación ara ir a ver la estatua de uno de los mitos de los ’90. Sí, hablamos de Michael Air Jordan. Después de salir del metro disfrutando del paseo por esas calles tan Shameless (las casa son tal cual) llegamos al United Center. El estadio en cuestión no lo pudimos visitar porque estaba cerrado, pero en el hall sí pudimos estar, que es donde está la estatua de Jordan. La verdad es que es una pasada, captura perfectamente ese mítico momento saltando de la línea de tiro libre para machacar en canasta.




Air

De vuelta al centro por fin se abre un poco el hambre y decidimos comer en unos de los pubs históricos de la ciudad: el Miller’s Pub, donde comí una de las mejores tartas de mi vida. Sí, no era una porción pequeña, como suele ser costumbre en los States. Nunca olvidaré la cara de Àlex cuando vio venir al camarero (yo estaba de espaldas) con el trozito de tarta...  Con la panza llena y un par de Guinness andamos de vuelta al hotel para al día siguiente prepararnos para dejar lejos, bien lejos, la ciudad de Chicago con la sensación de que lo mejor del viaje aun estaba por llegar.




Estaba de muerte... y casi me mata


                                                               To be continued…


sábado, 31 de mayo de 2025

Crónicas Americanas '23 | Día 1 - Chicago



Siempre hay viajes, destinos y recorridos que cercan nuestra mente durante años. Lugares a los que sabes que una vez en la vida tienes que visitar, que tienes que ver por ti mismo o, sencillamente, saber lo que se siente al recorrer un trayecto que tantas y tantas veces has visto des de Google Maps. Son lugares y carreteras que mitificamos, que imaginamos alguna vez en recorrerlas para llegar al punto soñado. Y llega un día, ese día, cuando se alinean los astros y dices “ahora” y le das al click para comprar el billete de avión. Es un momento mágico porque sabes que no hay vuelta atrás; sabes que vas a ir; sabes que vas a disfrutar descubriendo in situ eso que antes era solo una posibilidad.


Si hablamos ya en el terreno más personal, para un servidor la mayoría de estos destinos se encuentran en Estados Unidos. Gracias a películas, música o, simplemente a la mitomanía general, Estados Unidos es un país que a parte de ser enorme ofrece una variedad increíble de sitios para todos los gustos. Si te gustan las ciudades tienes ladrillo y hormigón; si te gusta la naturaleza tienes parajes naturales únicos; si te gusta la historia tienes sitios clave; si te gusta el cine tienes enclaves icónicos inmortalizados en la gran pantalla; si te gusta la literatura lo mismo; si te gusta la música… en fin, pues ya me entendéis. Cierto que hay personas a las que la cultura yankee no les gusta y yo lo respeto, pero a los que nos gusta Estados Unidos como destino turístico-vacacional es un sitio donde cada vez que vamos nos damos cuenta de lo que nos falta por descubrir.


Entre el 2007, año de las primeras y únicas crónicas americanas publicadas aquí y el 2023, año de mi última visita al país he ido dos veces más (2019 y 2011), pero he decidido publicar mi última visita y seguir hacia atrás. Prefiero ir publicando las últimas crónicas porque son las que tengo más recientes y donde puedo dar más detalles (relevantes o no). Así que nada, espero que a quien aparezca por aquí y le interese el tema encuentre algo de su interés y si no que pase un rato ameno y entretenido.

Muchas cosas han cambiado desde las primeras narraciones que hice, pero lo que no ha cambiado es la buena y fiel compañía de Àlex. Sí, de los siete integrantes que llegamos a ser en 2011, en 2023 solo sobrevivimos dos. Viajar con un grupo amplio o reducido tiene sus ventajas e inconvenientes. Cuanta más gente tenga el grupo más difícil es moverlo, así que menos cosas vas a ver, pero por el contrario cuantas más personas haya mejor te lo vas a pasar en el aspecto de que cada uno aporta algo al grupo, hablando en términos de conversación, anécdotas, risas… No es ni mejor ni peor, pero sí que viajando solo dos personas puedes plantear un viaje más a saco en el aspecto de ver sitios y no parar.



Las mitiquísimas vías alzadas del metro de Chicago

Vamos al ajo entonces y aterrizamos el día 1 en Chicago. Como es costumbre Estados Unidos nos recibe con una cola interminable en el control de inmigración, así que toca pasar por el tubo. En mi experiencia viajando a USA prefiero evitar pillar vuelos de conexión dentro del mismo país, a menos que tengas muchas horas de espera, porque nunca sabes lo que se va a demorar el control de entrada al país y vale más prevenir que curar. Prefiero hacer el vuelo de conexión en Europa y volar directamente a la ciudad de USA que me interese, si existe esa posibilidad. Así que nada, llegada a Chicago con un jet lag terrible y llegada al hotel en el downtown, tiempo justo para dejar bártulos y a la calle que tenemos hambre… Y qué haces si tienes hambre y eres turista recién aterrizado en Chicago? Comer una auténtica deep dish pizza, como no. Así que de camino al Giordano’s quedamos alucinados con la ciudad,que nos recibe con esos modernos rascacielos y esa vibra que solo una mega urbe como Chicago puede tener. Pero lo gordo de la noche no fueron los edificios; lo gordo de la noche fue la deep dish… 



El pitbull de las pizzas

La foto habla por si sola, pero cuando os digo que la pizza es bestial debéis creerme. Recuerdo que le dije a Àlex que pillásemos una talla S para los dos, porque había leído que eran grandes, pero él me dijo “talla M, talla M, que tengo hambre”. No se le puede llevar la contra a ese señor en temas de comida así que M al canto y primer mastodonte gastronómico del viaje. Es brutal. Es como un tipo de masa en forma de tartaleta gigante que se dedican a rellenar de ingredientes poniendo el queso (mucho) al fondo. Nosotros pillamos la BBQ y estaba de muerte. Cierto que a veces en sitios así tan famosos siempre entras con la duda de si la fama que tienen se la han ganado o la han mitificado… pues en el Giordano’s podéis estar tranquilos: fama merecida porque esa pizza estaba buenísima. Eso sí, a la mañana siguiente no hay quien coma porque la sensación de estar lleno a mi me duró hasta el mediodía… ¿Y luego? Pués después de semejante diplodocus queso-cárnico no te queda otra que salir a pasear un poco, aunque yo me durmiera de pie debido al cansancio acumulado. Vueltecita rápida al Chicago Riverwalk y camino del hotel para descansar porque nos esperaban muchos días de tralla de la buena.



To be continued…


 





miércoles, 28 de mayo de 2025

Lugares Míticos | Sun Studio

 


Situémonos en una tórrida tarde del mes de agosto en Memphis, Tennessee. El corazón ya lo tenía en modo taquicardia permanente, cosa normal si te mueves por Memphis y te gusta la música, pero es que... lo que se venía de frente era nada más y nada menos que la visita al TEMPLO del rock and roll; el lugar donde iniciaron sus carreras artistas como Elvis Presley o Johnny Cash, por citar solo dos ejemplos. Se trata de un pequeño edificio situado en el 706 de la Union Ave de la ciudad, de obra vista, con unos inconfundibles toldos verdes, una guitarra Gibson a modo de letrero y con el dibujo de un disco de vinilo en un lateral. Sí, señores, hablamos del legendario Sun Studio


No voy a hablar aquí de su historia ni de todos los artistas que grabaron aquí, no se trata de eso. El que quiera saber todo y más tiene montón de artículos en la red. Lo que quiero transmitir en la série Lugares Míticos son los sentimientos, experiencias y emociones que he sentido al visitar estos sitios así como también algun consejo o recomendación al visitarlos, claro que sí. 


Volvamos al lío entonces... Aparcamos el cotxe sin ningún problema (si  hay algo que me gusta de USA es que aparcamiento nunca te va a faltar) y ya vemos el ilustre lugar esperando ser visitado. Cuando entras hay un pequeño bar donde puedes tomar un refrigerio, comprar merchandising y adquirir el tiquet para la visita guiada que, a menos que haya cambiado a día de hoy, es como se visita el estudio. La visita empieza en la parte de arriba del edificio donde hay un poco de museo con objetos relacionados con Sun Records. Es una gozada escuchar al guía hablar porque menudos conocimientos tenía el chico... Y además iba vestido con una t-shirt de Amoeba Music, para rematar. Pero el plato fuerte está en los bajos... en el estudio própiamente dicho. Acceder ahí es retroceder en el tiempo y casi que puedes ver a Elvis, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins o Johnny Cash moverse, tocar y cantar ahi... No hay palabras para describirlo, la verdad. Además, han conservado los paneles originales en las paredes, los mismos que salen en una de las fotos más famosas de la historia del rock, la foto del cuarteto del millón de dólares. Estar AHÍ, donde se tomó esa foto absolutamente legendaria es algo increíble. 





Un lugar imprescindible tanto si eres un enfermo de la música como si no, ya que si se pasa por Memphis hay que ir sí o sí sin excusa, porque forma parte de la cultura de la ciudad, ya que si hablamos de Memphis hablamos de una ciudad que respira música por todos lados. Terminamos el dia en el turístico Beale Street, donde cenamos una burguer en el BB King Blues Club escuchando blues en directo. Gozada pura. 


Keep on rockin'!






lunes, 26 de enero de 2009

Lugares Míticos | Samarkand Hotel

Ha pasado tiempo, como siempre, desde el último post. La verdad es que estoy enfadado conmigo mismo por mi ausencia, y no es que no tenga cosas que contar, lo que pasa es que no sé cómo contarlas. Pero uno es consciente de que no puede entrar en el círculo vicioso de no escribir por no saber cómo hacerlo y dejar pasar tiempo y tiempo... de hecho uno aprende escribiendo y, si no lo hace, lo poco que sabe lo olvida. Y yo no quiero olvidar. Y menos dejar de contar aquellas cosas que para mi son importantes, como la música y el recorrer mundo... y menos aún cuando estas dos pasiones se cruzan y me brindan momentos de miticismo puro y romántico, momentos de pasión interior difíciles de contar. Son instantes en los que uno realmente deja de existir para entregarse totalmente a la causa, una causa que provoca que la mente se libere y los sentidos se acentúen para recordar cada detalle, cada sensación. Estar allí es un alivio; es quemar el mono; es estar tranquilo con uno mismo; es sentirse afortunado y a la vez diminuto ante la magnitud de los hechos que ocurrieron en ese lugar. Y todo eso va conmigo para siempre, hasta el fin de mis días.

Mi última visita a Londres estuvo llena de emociones, pero la más intensa, sin lugar a dudas, fue la sensación que tuve al pasar de estar viendo a un mito viviente de la música a estar en el lugar en el que un músico se convirtió en mito en el más estricto sentido de la palabra. ¿Y es que hay alguien que pueda dudar de que Jimi Hendrix es un mito? ¿Alguien puede negar que no fue un ser sobrenatural? La verdad es que me da igual porque para mi sí lo es. Dejando a parte de que revolucionó por completo la música en sólo tres años, su expresión, su vestimenta y, como no, su manera de tocar le han convertido en un icono de la música de todos los tiempos. Por todo esto y más un servidor tenía una deuda con él (de hecho la sigo teniendo, pero en menor grado) y debía saldarla, al menos en parte ya que aún no he estado en su tumba...

Jimi Hendrix murió en Londres el 18 se septiembre de 1970. Fue en una zona tranquila de la ciudad, al lado mismo del mercado de Portobello, en el llamado Samarkand Hotel, en el número 22 de Lansdowne Crescent. Cuando me acercaba al lugar me imaginaba a Jimi andando por esa calle y la excitación crecía más y más. Preguntamos, mis colegas y yo, a un tipo que llevaba una guitarra si ese era el lugar, y antes de que terminamos el tio nos respondió: "yes, here, in the basement". Era allí. La emoción no se puede describir, debe vivirse. En ese sitio murió Jimi Hendrix. Allí respiró por última vez. Saboreamos esos momentos solos, sin ningún otro mitómano rondando por ahí. Nos hicimos fotos, muchas fotos, de las que me gustan especialmente esas que me hicieron imitando al gran Jimi quemar su guitarra en la misma puerta de la casa. Había un patio en el subsuelo que tenía una especie de cuartito para guardar cosas con un puerta de madera en la que había tallado un buda. Miticismo y misticismo. Me emociona el recordar esos preciados instantes. Allí murió un hombre y empezó su leyenda inmortal.

Para los mitómanos y mitómanas que deseen acercarse al lugar os recomiendo que salgáis a la parada de metro Holland Park, de la Central Line. El destino se encuentra a cinco minutos andando, no tiene pérdida. El combo ideal es visitar antes o después el mercado de Portobello para redondear la velada. Por cierto, ahora que pienso en Hendrix me acuerdo que dentro de menos de un mes cumpliré los 27 esperando no formar parte del club...

Suena: The Jimi Hendrix Experience - Foxy Lady

martes, 30 de septiembre de 2008

Crónicas Californianas | Día 8

Hace casi un año estaba a punto de irme con mis colegas a cumplir el sueño del oeste americano, un sueño que hoy termino de contar. Muchas cosas han pasado desde entonces y sólo hace un año... y ya tengo la mente puesta en el siguiente viaje, esta vez por el norte de Italia. Bueno, y el fin de semana en Dublín que está ahí esperando. Yo recomiendo que preparen pasta y pizzas a unos y Guinness a los otros. Bueno, y un poco de Jack Daniel's claro, que sin mi fiel amigo mis viajes no serían lo mismo... Pero antes de empezar, también, a contar lo que dió de sí la última visita a Londres, quiero terminar de contar los últimos instantes pasados en la genial ciudad de San Francisco.

Después de perder nuestro vuelo que salía de Las Vegas con destino San Francisco, no nos quedó otra alternativa que esperar a que hubiesen sitios libres en los siguientes vuelos con destino a la ciudad de la psicodelia. La verdad es que perdimos el avión por culpa de los intempestivos controles de seguridad. En serio, era para flipar. Y eso que fuimos tres horas antes al aeropuerto... acojonante, no lo puedo definir de ninguna otra manera. Aunque nos aburrimos un huevo y medio esperando sitio en un avión no caímos en la tentación en forma de máquinas tragaperras situadas por todas partes. Y es que definir el aeropuerto de Las Vegas con una palabra es la siguiente: vicio. Ahí empieza o termina todo. Si llegas te encuentras las máquinas justo en la puerta de salida y, si te vas, te las encuentras a modo de coletilla después de todo el juego que has visto en esa mítica ciudad.

Después de llegar a San Franciso (por fin), habiendo perdido medio día, unos se fueron a dormir y otros nos dedicamos a dar un último paseo por la zona del Fisherman's Warf previo descanso. En este último día me dediqué a fotografiar los carteles de conciertos de los años 60 que adornaban el ya mítico Hotel San Remo. Ya de noche paseamos y aprobechamos para comprar esos últimos souvenires (por fín encontré la matrícula usada de California) y otros productos de moda (ropa, fundamentalmente) a buen precio. Se ve que alguien no tuvo suficiente con la bacanal del outlet de Las Vegas...

Así fueron las últimas horas en San Francisco. No tuvimos tiempo para más, ya que el avión para volver a casa nos salía de madrugada. Ahora, cuando miro hacia atrás y recuerdo este viaje una sonrisa se esboza en mi rostro. Doy un voto positivo a mis amigos, que se encargaron de preparar el alquiler del coche, de reservar los hoteles, de comprar las entradas para los Lakers y, como no de conducir, porque pocas horas en la carretera no pasamos. Suerte que Unai The Experience se puso una vez más al volante, que Jordi El Marquès y sus papelitos informativos nos guiaron por los sitios, que Manel y su sombrero siempre tenían los cojones para hablar y dominar el inglés, que Miqui The Same no hace bien una foto ni por asomo ("¿ves este encuadre? Pués hazlo igual") y que Àlex Up There filmara todo lo que le pasó por delante (por cierto, ¿y mi copia del vídeo?). Gracias a todos por los buenos momentos y pensad que se acerca un nuevo viaje para disfrutar y hacer el borderline.

West Coast Forever!

martes, 13 de mayo de 2008

Crónicas Californianas | Día 7

La verdad es que me gustaría escribir más a menudo, pero ya se sabe, hay momentos ideales y hasta hoy no he encontrado uno de ellos. Así que aprobechemos la idoniedad para relatar lo que dió de sí el séptimo día en tierras americanas acompañados del incomparable marco que ofrece el Electric Music for the Mind and Body, de Country Joe & The Fish, un disco estandarte de lo que fué un año para marcar en el calendario si de música hablamos: 1967. Con esa lisérgica guitarra y ese enigmático teclado viajo entre mis recuerdos y en lo que mis ojos vieron ese día, un día realmente emocionante ya que me di cuenta de que nosotros, unos simples mortales, no podemos explicarle nada a la Madre Naturaleza porque, sencillamente, no sabemos nada.

Despúes de dormir poco más de dos horas por culpa del juego y del alcohol nos levantamos para ir a un lugar muy especial: el Grand Canyon. Así que con las baterías de las cámaras de filmar y fotografiar a tope nos elevamos en helicóptero por esas áridas tierras. Debo decir que nunca antes había ído en helicóptero y me encantó, sobre todo viendo las excelentes vistas que de Las Vegas nos ofreció. Vimos la famosa presa Hoover Dam, que es realmente espectacular. Y nada, desierto y más desierto hasta que el Gran Canyon hizo su aparición. Los organizadores de la excursión lo tienen todo calculado: llegamos en línia recta pero no de frente al Gran Canyon, y una vez a la distancia idónea empezamos a virar y así vimos como una de las mayores acciones de la naturaleza se abría poco a poco, mostrando toda su majestuosidad. Me sentí pequeño, ridículo, contemplando tal obra magna, a la vez que hacía realidad uno de mis sueños.

El helicóptero empezó a descender y las paredes del Gran Canyon nos atraparon por completo. De paso vimos la nueva y famosa atracción, el Skywalk. Y descendiendo por esas milenarias paredes se me puso la piel de gallina. Acojonante, sin duda. Aún con el corazón a cien descendimos hasta el Colorado River y almorzamos cava y pastas mientras nos deleitábamos con el lugar. La verdad es que no hay palabras suficientes para describirlo, hay que verlo y punto. No hay más. Y ya que antes hablaba del cava... yo nunca tomo cava, salvo cuando hay un brindis especial, y tomo un par de sorbos y ya está... pero esa mañana me tomé toda la copa.

Cuando ya no sabía a qué más sacar fotos volvimos al aparato para regresar a Las Vegas, no sin antes parar en medio del desierto para repostar combustible. Fué otra gran sensación, ya que no había ni una triste carretera. Allí en medio, sin nada de nada. En medio del desierto de Arizona. Y luego llegó la contraposición: pasamos de una de las mayores creaciones naturales, como el Grand Canyon, a una de las más artificiales: Las Vegas. Una vez más el contraste desierto-Las Vegas fué brutal, y creo que por mucho que lo veas debe costar acostumbrarte.

Muchas emociones vividas y sólo eran las 12 del mediodía. Seguimos disfrutando de Las Vegas visitando su famoso Hard Rock Cafe, con esa Strato y esa Les Paul gigantes custodiándolo. Como no, nos compramos alguna que otra camiseta y recuerdo y seguimos hasta el Hooters Casino Hotel, donde comimos un par de melones, digo, hamburguesas, jeje. Eso es la Meca, y si vuelvo a Las Vegas ya sabéis donde encontrarme, y más después de esas fotos que nos hicimos con las camareras... Y hablando de mecas, Las Vegas tiene múltiples outlets, así que visitamos uno por la tarde. Un servidor prefiere gastarse el dinero en otras cosas, pero reconozco que para alguien a quien le guste quemar el plástico de la Visa a base de comprar ropa ese outlet era la Meca. Y si no que se lo comenten a los amigos Manel, Jordi y Àlex. Unai, Miquel y yo nos comportamos, aunque todos picamos. ¡Y no era para menos! Imaginad un baricentro, con todo de tiendas de marca, mucho más baratas que aquí y con el cambio del dólar a favor... ¿alguien quiere un babero?

Cuando la noche cayó volvimos al hotel a dejar las bolsas --algunos se compraron más maletas para transportar las nuevas adquisiciones-- y visitamos algunos de los hoteles míticos de la ciudad, como el Luxor o el New York! New York! Pim pam, pim pam. Y luego a descansar al hotel, que teníamos que levantarnos muy temprano para tomar un vuelo hacia San Francisco. Eso sí, nunca viene mal echar una ruletilla antes de dormir, junto con un Jack, probando suerte a esos números fetiche que todos tenemos. Y si no queréis ruleta siempre hay esas tragaperras dispuestas. Es cuestión de elegir, pero mejor hacerlo con la BSO de la Naranja Mecánica.

lunes, 14 de abril de 2008

Crónicas Californianas | Día 6

Los bucólicos parajes musicales de Caravan me sumergen en un mar del que no quiero salir. Esa es la belleza de la música y punto. Cada disco es un viaje distinto que merece ser disfrutado con tranquilidad y con los cinco sentidos a tope. La vista para contemplar la portada, el olfato para oler el vinilo, el tacto para ponerlo cuidadosamente en el platillo, el oído para que su esencia nos llegue y el gusto para saberlo saborear. Y si cada disco es un viaje, cada viaje debe disfrutarse como aquel disco que nos pone la piel de gallina. Y así estoy yo ahora con In The Land Of Grey And Pink. Es lo que tienen las obras maestras...

El sexto día en tierras americanas amaneció azul, como si nos invitase a recorrer más y más millas. No nos hicimos rogar y nos adentramos en el desierto con el Death Valley en la mente. Nos aseguramos de llenar el dipósito del coche y enfilamos esas carreteras que no terminan jamás. Y por fin llegamos al Valle de la Muerte, que con el nombre ya queda más que descrito. Pero el Death Valley es tan grande que sólo pudimos ver uno de sus puntos míticos y más famosos: el Zabriskie Point. Qué decir lo que para mi significa ese lugar, con la película que allí se grabó y con esa banda sonora... destacando, como no, mis adorados Pink Floyd. Pude constatar que el Zabriskie Point existe, que no está en otro planeta aunque lo parezca, y que ejerció en mi un poder sobrenatural. Me dejó acojonado desde el primer momento. La Madre Naturaleza ostentando su saber hacer, algo que cada día puedo contemplar en la foto que tengo colgada en la pared.

Zabriskie Point

Como ese coyote, que nos acompañó unos instantes de nuestro viaje, seguimos adelante y paramos a comer en un auténtico oasis en medio del desierto. Y con los estómagos llenos nos encaminamos hacia la meca del hedonismo, hacia el templo del vicio, hecho por el hombre y para el hombre: Las Vegas. Y conduciendo se hizo de noche, así que, como marcaba el guión, pudimos tener la primera visión de la ciudad de los casinos de noche, con el faro del hotel Luxor dominando el cielo. No lo podía creer, estábamos llegando a Las Vegas! Las Vegas! Y con Money de Pink Floyd sonando. Como dije en su día, "mientras el bueno de Roger Waters nos denuncia el poder del dinero nosotros llegamos a Las Vegas".

Las Vegas

Una vez acomodados en el hotel Golden Nugget nos deleitamos con las luces de la ciudad. El derroche es inimaginable y más pensando que Las Vegas no duerme. Cuando uno entra en un casino el tiempo se para en su interior. Igual son las siete de la mañana como las tres de la tarde. Esto no importa para apostar y apostar, para contemplar todas esas mujeres de la vida acercándose a los solterones, para que la bola decida la suerte, para que la tarjeta de crédito se inserte en una máquina tragaperras, para que el crupier reparta las cartas o para que el barman nos sirva un Jack Daniel's (por cierto, los peores que me bebí en todo el viaje). Las Vegas tiene ese poder, ese magnetismo para alguien aficionado a esos vicios. Yo por suerte no lo soy, aunque sea un fiel amigo de Jack, pero siempre me han atraído esas cosas que yo nunca haría. La tentación, eso es, hablamos de eso...


martes, 18 de marzo de 2008

Crónicas Californianas | Día 5

Aún tengo resaca de mi último viaje a Londres, una ciudad que me tiene el corazón robado. Pero antes de contar las cosas que visité esta vez, creo que debo terminar lo empezado y seguir contando lo que dio de sí el viaje por tierras californianas, que fué mucho. Y sólo estamos a la mitad del viaje... aunque por suerte las cosas permanecen imborrables en mi retina y en los miles de fotografías que realicé, que ahora mismo són el hilo conductor de la narración de este viaje. Así que levantémonos por la mañana y visitemos, de una vez por todas, Hollywood Boulevard.

Pues eso, que la archifamosa calle fué lo que visitamos por la mañana que, una vez más, nos obsequió con ese color gris tan característico. Lo primero que vimos y reconocimos fué la Capitol Records Tower, construida en 1942. Mítico edificio, sin lugar a dudas. Iniciamos luego el inevitable paseo por el Walk Of Fame que, digan lo que digan, tiene más fama que belleza. Hollywood Boulevard es una calle normal, pero que en cada una de las dos aceras hay estrellas incrustadas. Por lo demás no tiene nada que ofrecer, pero es un lugar que uno no puede dejar pasar si va a L.A. Además, muchos tramos de la calle están en obras o muy dejados... eso sí, cuando nos acercamos al Kodak Theatre la cosa se arregla un poco. Precisamente en el mirador del teatro que alberga la ceremonia de los Oscar podemos divisar, por vez primera, el Hollywood Sign al natural. Está lejos, sí, pero se ve y tenemos suficiente. Inevitable también es la visita frente al Chinese Theatre, donde los grandes del cine dejaron sus huellas para siempre.

Kodack Theatre

Después nos encaminamos hacia la meca de los melómanos: Amoeba Music. Situada en el 6400 de Sunset Boulevard, la más reciente Amoeba es la tienda de música independiente más grande del mundo. Os juro que cuando entré por esa puerta me quedé acojonado. Miles y miles de discos a la disposición del cliente. Y vamos, un mercado de segunda mano realmente increible. Allí perdí el norte y me dejé llevar por los impulsos, así que en pocos minutos tenía las manos llenas de discos. El control ya no formaba parte de mi persona y yo era consciente de eso, pero me gustaba. Era un animal de consumo impulsivo. Y todo en dólares, claro... Recuerdo que el tío que me cobró me preguntó el por qué de mi compra y todo, y me dio pegatinas, chapas e imanes a expresa petición mía (con Unai como traductor). Amoeba is my love.

Amoeba Music

Lo siguiente que hicimos fué deleitarnos con una sugerente hamburguesa en el Hooters de Hollywood, a fin de tomar fuerzas para encarar nuestras últimas horas en L.A. con garantías. Con un radiante sol que nos ayudó a rebajar nuestros estómagos made in Hooters y alguna que otra calentura con las chicas del local, nos encaminamos hacia el Hollywood Forever Cementery a fin de contemplar la tumba de Johnny Ramone. Impresionante, no puedo decir más. Más solos que la una pero con esa estatua del guitarrista custodiando sus restos para la eternidad al lado de un pequeño lago. Por mis adentros tarareé canciones de los Ramones y recordé estando en NYC las sensaciones frente lo que fué el CBGB. No pude más que darle las gracias por los buenos momentos que he pasado escuchando sus canciones antes de volver a subir a la furgoneta y encaminarme, con mis colegas, hacia Beverly Hills.

Johnny Ramone's Grave

De mansiones vimos pocas, pero para decir la verdad no vimos nada devido a los muros que las protegen. La única que vimos un poco fué una que se utilizó en El Padrino. Incluso estuvimos delante de la supuesta mansión Playboy, y digo supuesta ya que ningún cartel así lo indicaba. Después decidimos visitar dos de los clubes más emblemáticos e importantes de L.A: el Roxy y el Whisky A Go Go. Con sus características luces la mitomanía se plantó ante nosotros. Grupos como los Doors, Buffalo Springfield o Love empezaron en el Whisky. Y en frente la Hustler Hollywood Store, conocida en nuestro círculo de amistades como Amoeba Àlex. Una vueltecita a fin de contemplar las delicatesens del lugar, un refresco y carretera y manta.

Esa noche terminamos durmiendo en Victorville, en un cómodo hotel. Pero no todo fué tan fácil, pues en el primer motel que miramos tuvimos un problemilla con el propietario hindú. Después de ver las habitaciones y el olor que desprenían decidimos buscar otra cosa y el tio se cabreó. What's the problem? fué lo que más repitió de mala manera, enfurecido junto a su mujer. Nos dijo que si decíamos que no y volvíamos más tarde ya no nos daría las habitaciones. Suerte que no sacó el rifle... Así que nada, ya con un hotel en condiciones decidimos olvidar el percance con el hombre bebiendo alcohol y poniendo canciones en un jukebox. La verdad es que ese garito no estaba nada mal, y una de las camareras menos aún.

Jack Daniel's

domingo, 9 de marzo de 2008

Neil Young | London, 06/03/08

Más de un mes después del último post, muchas cosas que contar pero poco tiempo para explicarlas. Pero hay ciertos acontecimientos que consiguen agrietar las ocupaciones porque, sencillamente, necesitan ser contados. Uno de ellos es el concierto de Neil Young que presencié el pasado dia 6 de marzo en el Hammersmith Apollo de Londres. Encontrar palabras para definir tal evento puede resultar complicado, pero voy a intentarlo y, si necesito inventarme términos lo voy a hacer.

Foto: *hoodrat*

Asistir a un recital de Neil Young era uno de mis sueños y por fin lo vi cumplido. Pero no todo fue tan bien, y la culpa la tuvo esa maldita hot chocolate, que me amargó los momentos antes del concierto y los momentos después. Durante el show mi cuerpo permaneció en stand by, ya que nada podía privarme de disfrutar ese momento tan esperado para mi. El recinto, el Hammersmith Apollo, es sencillamente perfecto. Llegué con mi amigo Pep, recogimos las entradas y nos adentramos en el bar del auditorio a esperar que empezara el concierto. Benditos sofás y bendita la siesta que nos pegamos, aunque como ya he comentado yo no estaba al 100%. Llegó el momento de entrar en la sala y descubrir los encantos de uno de los auditorios más importantes de la ciudad. Estábamos situados en la platea, a unos veinte metros del escenario. Una buena situación para ver a un genio crear obras de arte.

Foto: *hoodrat*

A las 19.30 empezó puntual Pegi Young a tocar. Aproximadamente estuvo 45 minutos cantando country. Estuvo bien, pero la impaciencia de la gente para ver a su marido era palpable. Una pausa y se obró el milagro. Un taburete, unas guitarras rodeándolo, dos pianos, harmónicas y un sintetizador. Y de repente salió un tipo aguantando un lienzo y camuflándose detrás de él... era Neil Young. En ese momento me hice creiente, pues vi que Dios realmente existe y es de carne y hueso. Con la piel de gallina mi ídolo se sentó y atacó con la esperada From Hank To Hendrix. No podía creer lo que estaba viendo, os lo digo de verdad. Y menos pude creerlo cuando el siguiente tema fue mi favorito, Ambulance Blues. Las piernas me temblaban y no era para menos. Imaginaros a Neil Young sentado en un taburete, iluminado por un foco, guitarra en mano, harmónica en boca y cantando esa canción. Hoy sigo sin creer que presencié esos momentos.


A la obra maestra le siguieron Kansas y A Man Needs A Maid, tocada con el primero de los dos pianos y cuyos arreglos orquestrales fueron suplidos de forma magnífica por el sintetizador del maestro Young. Luego vinieron dos puntos fuertes. El primero fue la magnífica interpretación de Harvest y el segundo uno muy esperado para un servidor: After The Gold Rush. No he contado las veces que he cantado esta canción intentando emular a su creador. En ese instante lo tenía delante, frente a su segundo piano, interpretando una pieza magistral de un no menos sublime disco. Las geniales Old King y Love Art Blues hicieron su aparición antes de que el Neil Young tocara tres canciones seguidas del disco Harvest: Heart Of Gold, Out On The Weekend y Old Man. La primera era de esperar que la tocase, pero la segunda fue realmente una sorpresa para mi. Pero mención especial merece la magistral interpretación de esa Old Man. Sólo podía aplaudir y esperar que el genio volviese a escena después de la pausa con su Old Black...

Excitación e impaciencia era lo que sentía justo antes de que las primeras notas de The Loner inundaran mis oídos. Majestuosa y poderosa. Dirty Old Man y Spirit Road, geniales las dos, quedaron eclipsadas por una canción clásica entre clásicas. Por una composición totémica dentro de la discografía del canadiense. Ni más ni menos que Down By The River. Sublime. Consiguió hacerme enloquecer y recordar esas tardes de llúvia escuchando esas fraseos de guitarra y cantando el estribillo con toda mi pasión. Ahora podía hacerlo junto a Él. Pero sin tiempo para recuperarme llegó uno de los mejores momentos de todo el recital: Hey, Hey, My, My (Into de Black). Acojonante, bestial, ruda y agresiva. Una auténtica bacanal de sonido es lo que se marcó el maestro. Un mural sónico de fiereza pura, de aparente descontrol y de no domesticación. Y todo acompañado de ese traje manchado de pintura. Roll Another Number y Oh, Lonesome Me sirvieron de pausa. La segunda cantada con todo el sentimiento, tal como merece una canción de su calibre. La electricidad volvió con The Believer, pero fue con Powderfinger cuando la disfruté más. Una de mis canciones favoritas y la estaba escuchando en directo. ¿Qué más podía pedir? Algo más, sí, como por ejemplo el abrumador final con No Hidden Path.

Foto: *hoodrat*

Todo el Hammersmith de pie para aplaudir a uno de los artistas más importantes del siglo XX. Pero ojo, que la cosa no había terminado ahí... Un bis, sólo un bis, pero menudo bis: ¡Fuckin' Up! Todos levantados, cantando el estribillo y dejando libre nuestro lado más salvaje. Realmente impresionante la despedida brindada a un auténtico genio de la música, a un tipo que ha sabido sobrevivir a todas las épocas con entereza y buen hacer. Le admiro, y desde aqui quiero darle las gracias por ese día. Salí de allí, con mi amigo Pep, con la certeza de haber vivido un momento histórico. Siempre tendré esas sensaciones conmigo. Ahora puedo morir un poco más tranquilo. Y no olvido que Ralph Molina estaba ahí...


¡Keep on rockin' in the free world!

Nota: Las fotos no són mías ya que no pude tomar ninguna en condiciones y no corresponden al mismo concierto al que asistí. Creo que la mayoría són del día antes.



martes, 5 de febrero de 2008

Crónicas Californianas | Día 4

La mañana amaneció, como era habitual, envuelta en una espesa niebla. Pero eso no fue motivo suficiente para que nuestros cuerpos se aburriesen y dejasen escapar la posibilidad de disfrutar de uno de los parques temáticos más importantes del mundo: el Universal Studios de Hollywood. Antes de llegar a la taquilla entramos en una especie de submundo lleno de tiendas y tiendas que, ya de noche, se convierten en el cebo ideal para miles de turistas que cada día visitan el parque. El negocio es el negocio, amigos, y los norteamericanos saben más que nadie en este campo. Destacar que entre las tiendas se encontraba una impresionante guitarra abanderando el Hard Rock Cafe de Los Angeles. Pero para guitarras las de Las Vegas... En fin, ¡Vámonos al parque a pasarlo bien!

El Unversal Studios es realmente extenso. Lo primero que hicimos fue pasar un poco de miedo en la House Of Horrors. La verdad es que vas cagado durante todo el trayecto, pero a la que te pegan el susto te partes de risa. Los actores están realmente bien caracterizados, casi a punto de rodar una película de miedo made in Hollywood. Lo interesante es pasear por las calles del parque y saborear esos detalles del cine, como por ejemplo el Dodge Charger de 1970 utilizado en The Fast And The Furious, o el mítico coche de los Blues Brothers. Además de atracciones también hay espectáculos. Nosotros asistimos a uno de animales actores, a una demostración de efectos especiales y a otro donde se mostraba el fuego como elemento principal. Pero lo realmente interesante son las atracciones, como la de Terminator 2: 3D, la de Shrek 3D, la de la momia o la de Jurassic Park, un Tutuki Splash a lo béstia y ambientado en una etapa donde los dinosaurios dominan la tierra. Destacar también el tour por los diversos decorados míticos de Hollywood, como el Bates Motel o la casa de su propietario. En dicho tour el espectador se ve inmerso en situaciones típicas de las películas, como inundaciones en el metro, efectos de llúvia, fuego. Sorpresa tras sorpresa.

Universal Studios

Valorando la visita al Universal Studios puedo decir que fue positiva, aunque creo, a opinión estrictamente personal, que le dedicamos demasiado tiempo en detrimento de otras cosas interesantes que queríamos visitar. Lo que yo recomiendo, y más teniendo dos días escasos de tiempo para visitar L.A., es que uno visite las atracciones más significativas, como el Terminator, o el Jurassic Park, que haga el tour de los decorados y que prosiga la visita a la ciudad de los Lakers. Pero repito, es una opinión meramente personal y depende de las prioridades de cada uno.

Benvinguts a Santa Monica!

Ya que la noche se nos echó encima sóló pudimos visitar Santa Monica de noche. Cenamos en un exclusivo restaurante, por un día, y nos encaminamos hacia el famosísimo muelle, escenario de tantas y tantas películas. Pamela Anderson no estaba allí, pero sí en nuestras mentes, salvando a la gente con su salvavidas y con sus dos boyas portátiles en el momento en que traspasamos el cartel cuidadosamente iluminado. Pudimos contemplar la mítica noria e inmortalizar unos instantes realmente agradables de paseo por el muelle. Por cierto, una franquícia de Bubba Gump Shrimp Company se encuentra allí. Nos relajamos contemplando las olas picar contra la playa y contemplando Los Angeles desde ese privilegiado lugar.

La nòria de Santa Monica

Creo que el colofón de la noche no lo puso el amigo Jack ni un buen vino californiano, aunque ponga una foto a continuación. La guindilla de la noche la puso el placer de llegar al hotel y encontrarse esas camas suaves, a fin de garantizar un óptimo descanso para el turista. Incluso alguno de nosotros tuvo la fortuna de dormir con un cuadro de Elvis encima de la cabeza. A otro le tocó Marilyn. Yo prefiero un cuadro de Jack Daniel's.

sábado, 5 de enero de 2008

Crónicas Californianas | Día 3

Más de un mes desde el último post. Las cosas a veces van así, trabajo, obligaciones y, al llegar a casa, ganas de descansar, escuchar música y relajarse. Y así pasando los días hemos llegado al nuevo año, un año que espero que sea favorable para todos vosotros en todos los aspectos. Para mi es un año de cambios importantes, de un asentamiento laboral definitivo, así como tiempo para vislumbrar un futuro con garantías y que me permita seguir haciendo todo lo que me gusta y deseo. Como por ejemplo seguir viajando por el mundo acompañado de buenos amigos mientras las notas siguen sonando...

El tercer día en California empezó temprano, ya que desde Bif Sur debíamos llegar a Los Angeles a una hora concreta, pues teníamos entradas para ver a los Lakers, uno de los equipos más míticos de la NBA. Así que entre niebla y más niebla poca cosa vimos de la escarpada costa, aunque algo sí que se intuía... En una de las paradas pudimos contemplar a focas viviendo en estado natural, mientras las olas del siempre alterado Pacífico golpeaban las rocas. Vale la pena pasarse un rato viendo las focas para contagiarse de su calma, y más en los tiempos de estrés en los que vivimos.

En estat natural...

Pero el camino debía continuar y, a fín de llegar a tiempo dejamos la Route 1 por la 101. No voy a nombrar todos los cochazos que vimos en la autopista para no hacerme pesado, pero sí que voy a decir que vimos algo realmente asombroso: un seat 600 tunning. Y está fotografiado. Si a alguien le interesa que me lo comente por mail, ya que prefiero poner una foto del espectacular Mustang que nos adelantó. Rancheras de ensueño, camiones personalizados, Harleys, Mustangs... Viajar por USA es distinto y punto. Y me estaría toda la vida viajando por esas carreteras, saboreando lo genuino, lo espectacular y lo exagerado. Y estoy seguro de que terminaría comprándome una ranchera en uno de esos espacios típicos de venta de segunda mano. Pero bueno, dejemos los sueños para otro rato que hemos llegado a L.A.

Los Angeles es algo realmente inabarcable. Imaginad las típicas rondas de Barcelona pero con seis carriles por banda. Y en seguida uno se da cuenta de que ha llegado a la meca del cine viendo los murales dibujados en las paredes, motivos de películas y de actores que ya forman parte de la historia del séptimo arte. El hotel se encuentra en pleno Hollywood, a un tiro de piedra de la famosa Capitol Records Tower, la primera torre de oficinas circular del mundo. Genial hotel de la cadena Best Western y que recomiendo desde estas líneas. Pero poco tiempo podíamos perder en el hotel porque nuestra visita al Staples Center estaba cercana, muy cercana, así que con toda la ilusión del mundo para ver un partido de los Lakers allí nos dirigimos.

Las sensaciones que tuve en los momentos previos a la entrada al Staples Center son similares a las previas de un partido del Barça en el Camp Nou. Me justifico: famílias acudiendo al estadio con las camisetas de los Lakers, niños merodeando por los alrededores con la ilusión de ver a sus ídolos, parejas,... todos haciendo tiempo antes de que las puertas abriesen. Y todas las escenas custodiadas por la mítica estatua de Magic Johnson, que se destaca por encima de todo por lo que representa: a uno de los mejores jugadores de la historia.

Magic... per sempre

Una vez dentro todos directos a la tienda a comprar y luego a buscar el asiento. Imponente. Así es el Staples Center por dentro, con capacidad para veinte mil personas. Después de comer algo en los múltiples puntos de venta empezó el espectáculo. Todos de pie para escuchar el himno de los EUA cantado por una chica y a presentar a los jugadores. Como no puede ser de otra manera la ovación de la noche fue para Kobe Bryant, que hizo 33 puntos sin despeinarse. El básquet que se practica en la NBA es otro mundo y quedó patente desde el primer momento. Los Lakers ganaron y todos felices para casa. Al igual que Jack Nicholson (miradlo en la foto, a pie de pista, con una chaqueta marrón y sus gafas de sol), asistente de lujo en todos y cada uno de los partidos. Fue curioso poder ver como el actor deja paso al forofo... Nosotros, por nuestra parte, nos fuimos con las sensaciones que uno puede tener después de asistir a uno de los espectáculos deportivos más grandes del mundo.

Lakers!

Y, como no podía ser de otra manera, la primera noche en L.A. terminó bañada en alcohol en un bar cerca del hotel. Siempre se agradece un poco de whiskey por la noche, así que brindamos por California, por L.A., por los Lakers, por sus animadoras, por Kobe Bryant y por la madre que nos parió.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Crónicas Californianas | Día 2

El segundo día en la ciudad de San Francisco amaneció más claro que el anterior. Nuestro cuerpo pedía más huevos y bacon así que volvimos a desayunar al Johnny Rockets del Fisherman's Warf. Nuestro siguiente destino, por accidente, fue la Coit Tower, que tiene un buen mirador para saborear la ciudad y la bahía desde otro punto de vista. Digo que fuimos por accidente porque nuestra intención inicial era ir al tramo de Lombard Street más famoso, el denominado the crookedest street in the world. Así que prescindiendo por unos momentos del GPS, que de seguirlo aún estaríamos dando vueltas por San Francisco, nos dirigimos a contemplar esas cinco famosas curvas, testimonio de lujo de películas como What's Up, Doc?, videojuegos como Grand Theft Auto: San Andreas, o series como Futurama. La verdad es que es curioso descender en auto por este sitio, a la vez que los taxis lo bajan derrapando.

Y sin más preámbulos nos dirigimos de nuevo al Golden Gate Bridge para admirarlo de día y darle la importancia que merece como icono de la ciudad que es. Con la luz del día el puente es distinto, más espectacular e imponente. Su color rojo contrasta a la perfección con el immaculado cielo azul con el que San Francisco nos obsequió. Yo hubiese preferido algunas nubes, a fin de tomar fotografías con los efectos que un cielo con nubes puede ofrecer. Pero bueno, que menos da una piedra y el puente tuvo un reportaje fotográfico ganado a pulso.

Aún con la imagen del coloso en nuestras mentes proseguimos nuestro viaje hasta llegar a la localidad de Santa Cruz, a fin de contemplar sus playas y poder decir "yo he estado en la meca del surf". Esa imagen de la playa con el parque de atracciones al lado es algo que sólo había visto en las películas. Ahora era real. Lo malo es que el parque, con su sinuosa montaña rusa, estaba cerrado, así que era el escenario perfecto para desarrollar un filme de terror. Unas cuantas compras y a la carretera, que ya oscurecía (eran las 17h).

Lo que sucedió después podríamos denominarlo como la bordeline night, ya que era una de las dos noches que no teníamos reserva de hotel. Así que con un huevo en cada mano nos plantamos en Carmel-By-The-Sea, un pueblo cuyo alcalde un día se llamo Eastwood, Clint Eastwood. Atrás dejamos la ciudad de Monterey y su famoso festival del '67. Carmel es un pueblo de etiqueta, y lo llamo así porque en la mayoría de bajos de las casas hay galerías de arte. Así que viendo tanta pintura lo que hicimos fue contemplar el cielo estrellado desde la oscuridad de su playa... una oscuridad donde los amantes en potencia aprovechan para consagrar su amor, o al menos eso me pareció ver... Así que viendo el panorama buscamos un motel por la zona pero los precios caros nos obligaron a aventurarnos por la carretera. Al final tuvimos suerte, no sin antes frustrarnos en varias ocasiones. Nos alojamos en Big Sur, concretamente en el Big Sur Lodge. Esas habitaciones caídas del cielo en ese parque natural de secuoyas eran realmente confortables. Así que sin cenar porque las pocas tiendas que había por la zona estaban ya cerradas, consultamos con la almoada el devenir de nuestro particular California Dreamin'. Y yo con el mono de Jack...