Adicciones | Entrega 3
Ante todo quisiera pedir disculpas por los contínuos cambios que he introducido en el blog durante los últimos días. Soy consciente de que entrar y encontrar cada vez colores diferentes o un diseño de cabecera distinto puede resultar moltesto y puede llegar a aborrecer. De hecho a mi me pasa. Lo importante en un blog son sus contenidos, sin duda alguna, pero su autor debe estar contento con su diseño y por fin lo estoy después de mucho probar. Y es que esto del html para un principiante puede a llegar a ser complicado. Por suerte hay personas dispuestas a ayudar y en fenomenales blogs como este he encontrado respuestas a muchas de las dudas que tenía.
Y mientras el iPod va sonando y sonando, llenando esas horas de metro, de andar paseando sin saber el destino, llenando esos pequeños momentos en los que uno no sabe qué hacer. Los discos que más pincha mi fiel amigo son los siguientes:
Teaser and the Firecat. Cat Stevens (1971). Este es uno de esos trabajos impecables, llenos de dulzura y saber hacer. Cat Stevens desarrolla en cada uno de sus temas auténticas poesias. Pop y folk se mezclan para llevarnos a un lugar del cual es dificil salir. Canciones de amor como If I Laugh o How Can I Tell You son miel para los oídos y podrían considerarse como dos de las grandes baladas de todos los tiempos. Para la posteridad quedan clásicos como Moonshadow, Peace Train, Morning Has Broken o The Wind. Obra maestra.
Heron. Heron (1970). Lo que transmite este trabajo es paz. Aficionados a la música de Nick Drake, los componentes de Heron crearon canciones agradables, ideales para conducir por parajes de Escócia mientras se deja atrás los Cuillins. ¿Y luego? Pués podemos sentarnos en el porche de nuestra casa con esa vieja radio con Yellow Roses de fondo mientras saboreamos un buen malta. Como no, a pesar de todo esto, Heron es un grupo oculto, oculto como los aromas del whisky hasta que un refinado paladar es capaz de descubrirlos. Único.
The Garden Of Jane Delawney. Trees (1970). Folk rock británico de calidad. El punto fuerte es la excepcional voz de su cantante, una chica que si ama como canta su marido estará satisfecho. Con puntuales y casi salvajes solos de guitarra eléctrica, este es un disco para disfrutar, para regocigarse mientras las cuerdas vocales de ella se hacen tan relevantes que incluso se escuchan anque no cante. Ahora mismo estoy en silencio. ¿He dicho en silencio? No. Esa voz, siempre esa voz...
Meet Triste Janero. Triste Janero (1969). Un único testigo: este LP. O lo que es lo mismo: esta absoluta obra maestra, tan imprescindible como extraña. Este trabajo es la prueba de que desde Dallas retumbó la fusión de sonidos brasileños con las tendencias ácidas de la costa oeste estadounidense de por aquel entonces. Todo el disco es una gozada, pero su corte por exceléncia es René de Marie, una composición que es capaz de hacer olvidar todos los problemas cotidianos... y todo lo demás. Sublime.










