martes, 31 de julio de 2007

The Golden Dawn | Power Plant (1968)

Este disco demuestra que en Texas, a finales de los '60, no todo eran los 13th Floor Elevators. Ellos eran la punta de la lanza y los más influyentes en, por ejemplo, grupos como The Golden Dawn, lejendaria formación de la tierra de los vaqueros. Y más cuando según All Music George Kinney, alma de The Golden Dawn, tocó con Roky Erickson en un grupo antes de la formación de los Elevators. Así que gracias a los 13th Floor Elevators y su sublime primer disco podemos disfrutar de gemas ocultas como este Power Plant.

Y ¿qué se puede decir de este trabajo? Primero que por su calidad no se entiende que no sea un disco de referencia, como tantos otros geniales discos, de hecho. A mi me suena a una evolución del garage más primitivo hacia un sonido más nítido con geniales melodías, pero sin dejar de lado ese sonido rasgado y rudo que caracteriza al género. El hipnótico inicio de Evolution, con esas campanillas y su dinamismo, junto con el pegadizo estribillo, logran enganchar. Luego encontramos una canción lenta, This Way Please, donde la voz de Kinney se entremezcla con los coros y con esa guitarra ritmica. Un tema excelente, de los mejores del disco. ¿Y qué podemos esperar después de empezar con ímpetu y seguir con un poco de tranquilidad? Pues Starvation, cuyo riff inicial es ya un clásico en mis oídos. Mi canción favorita del disco, sin lugar a dudas, y con solo de guitarra incluido. I'll Be Around es el tema de la harmónica. A la clásica guitarra punteando con frenesí, a la base rítmica siempre constante y a la excelente voz de Kinney, aquí cantando con auténtica pasión, debemos añadirle este simple pero grande instrumento, que logra agrandar un, ya de por sí, excelente corte garagero. Seeing Is Believing es una amena pieza en la onda de las demás, con un bonito estribillo cantado a coro al que yo me uno en estos momentos...

Y empezamos la cara B con un riff que me recuerda a The Beatles. Pero en seguida queda patente que nos encontramos en Texas y que el garage es la estrella. My Time es un tema magnífico, donde la voz de Kinney perdura en el tiempo con el efecto eco en determinados momentos. Pero esa guitarra... sí sí, pedía paso y tiene su momento de gloria con un minisolo simple pero poderoso. Una canción para quitarse el sombrero. La base rítmica es la protagonista en el inicio de A Nice Surprise, que contrariando a su título no sorprende para nada porque sigue fiel al estilo del disco. Every Day sí sorprende, primero por su base rítmica y segundo por cómo Kinney se amolda para conformar la pieza más pop del disco, con acercamientos baladísticos en algunos momentos, pero no dejan de ser eso, acercamientos que luego derivan a la psicodélia más americana con guiños hindús... o hacia los Beatles, quien sabe. Tell Me Why es otra magnífica canción, donde los coros tienen una gran presencia, así como los efectos producidos por elementos extraños, que entran en el tema para dotarlo de una aureola casi mística. Y con Reaching Out To You llegamos al final, un final hermoso y que corta con lo que es el disco en su conjunto. Es un tema que no se parece en nada a lo que se ha escuchado en el resto de la grabación y, sin duda, suena a despedida con ese I go... I go...

Un grupo, un excelente álbum. Es una joya más de las muchas que nos dejó una época dorada. A opinión personal creo que escucharlo es una cita ineludible para cualquier amante de la música americana de finales de los '60. Extrañamente ignorado pero amablemente cuidado nos llega a los oídos para que lo disfrutemos y sepamos apreciar.

Descarga: The Golden Dawn - Power Plant (1968)

martes, 10 de julio de 2007

Crónicas NewYorkinas

New York es una de esas ciudades que siempre me había llamado la atención. Por fín pude visitarla junto a tres colegas más para impregnarnos de ese aire especial que dicen que tiene Manhattan, corazón de la ciudad, tantas veces inmortalizado en filmes, por ejemplo, de Woody Allen.

Día 1

La llegada a la ciudad de New York fue tal como esperábamos: cansada. Casi dos días sin dormir, ya sea por los nervios o porque en el avión es imposible, pasan factura, pero pasan a un segundo plano cuando las luces de Times Square inundan la escena. Sencillamente un lugar espectacular por la noche, lleno de carteles luminosos gigantes, propaganda de todo tipo y gente, gente y más gente. Precisamente en Times Square tuvimos el primer encontronazo con el tema de las propinas. Según parece debe dejarse entre el 18 y el 20% del total, cosa que no hicimos con esa camarera del Hard Rock Café que tan mal nos atendió. Le dejamos un 8% y nos fugamos literalmente del sitio, mientras uno de mis colegas veía la escena de indignación de la camarera al contar lo que le dejamos. Dejando a un lado esto cabe decir que el Hard Rock de New York es espectacular y que sus hamburguesas están de muerte.

No es una sorpresa quedar atrapado por la belleza nocturna de Broadway por la noche y nosotros no fuimos una excepción. Basta con decir que recorrimos cincuenta metros en una hora...

Jim Beam y a dormir.

Día 2

Sin duda alguna la jornada más intensa. Nos dirigimos a la Grand Central Terminal y contemplamos los edificios de sus alrededores. En plena calle 42 nos encontramos con la majestuosidad del Chrysler Building, que pedía fotos a gritos. Entramos en el hall, decorado con mármol y a buscar el metro a la Grand Central, vigilada por el edificio Met Life.La sala principal de la estación es realmente espectacular. Custodiada por numerosas banderas del país, se nota que es la arteria principal de la ciudad si hablamos de transporte público.

Después de algunos problemas de orientación en el Subway llegamos a Brooklin y atravesamos el famoso puente hasta Manhattan. La Zona Cero fue la siguiente parada. La verdad: impresiona. Impresiona el pensar que allí pasó lo que pasó en aquél fatídico 11 de septiembre del 2001. A través de los plásticos que cubren las verjas puede observarse la frenética actividad en el lugar que ocupaban las dos torres. El lugar volverá a florecer, sin duda, pero va a tardar, cual bosque después de un gran incendio.

Gracias a la merienda a base de hot dogs pudimos seguir hasta Wall Street, centro financiero de la ciudad (y de alguna parte más). El patriotismo nos quedó más claro aún en contemplar la bandera de los EUA gigante colgada en el edificio de la bolsa. Después de echar un vistazo al toro de la zona nos dirigimos a Batteri Park con la intención de visitar The Liberty, la Estatua de la Libertad. En ese parque se ha trasladado esa especie de escultura en forma de bola que estaba delante de las torres gemelas, y se ha encendido una llama perenne en memoria de todo lo que pasó.

Tras pasar unas medidas de seguridad dignas del más seguro aeropuerto y embarcar en el ferry hacia Liberty Island, el skyline nos deleitó con su increible perfil. No me cansé de fotografiarlo mientras a la izquierda la Estatua aparecía como icono, como símbolo y como buque insígnia de la ciudad. Vale la pena anclar en Liberty Island para contemplar de cerca esa imagen que tantas veces uno ha visto en todas partes pero nunca al natural. Y al natural gana, siendo más grande de lo que parece vista en fotografías. Mega sesión de fotos y hacia Ellis Island... o no, ya que por dos minutos perdimos el último ferry... así que nada, hasta Manhattan de nuevo, ducha, relax y Empire State por la noche.

El Empire State Building se encontraba al lado del hotel, así que aprobechando un momento de poca cola en la compra de entradas las adquirimos con la intención de ir más tarde, por la noche, y saltarnos la cola para comprarlas. La jugada nos salió redonda (las entradas tienen una validez de dos años), ya que cuando fuimos la cola para comprar daba casi la vuelta al rascacielos. Subimos casi a la velocidad del sonido con el primer ascensor hasta la planta 80. En un segundo subía unas ocho plantas. Luego subimos a pie hasta el piso 86 y nos deleitamos con las soberbias vistas nocturnas de la ciudad. Se escuchaba un runrun permanente... la ciudad hablaba...

Jim Beam y a dormir.

Día 3

Chinatown, Little Italy y el Soho fueron las zonas que visitamos por la mañana. En Chinatown compramos, como no, imitaciones de relojes. Y en Little Italy comimos... pasta. Nos dirigimos hacia la calle Bowery, zona ya underground de la ciudad, y nos encontramos, por fin, con el mítico club CBGB. O mejor dicho, con lo que queda de él después de que cerrase el pasado octubre. En él empezaron artistas como los Ramones, Patti Smith o Television. Menudas sensaciones tuvo un servidor estando ahí delante y pensando que por esa puerta habían entrado esos ídolos musicales.
El bar dedicado al té, promocionado por Moby, sirvió para que nuestras piernas descansasen un poquito y para que uno de mis colegas se hiciera la foto con la ex mujer de Moby, que se encarga del negocio. La verdad es que la chica no estaba nada mal... Dato curioso: Mike Myers se encontraba en el local, pero al ver la cámara de fotos se asustó y se escondió la cara con la mano.

Por la tarde fuimos de nuevo a Times Square y seguimos andando por la calle 42 hasta llegar al muelle desde el cual parten barcos turísticos. El nuestro no era precisamente tranquilo, ya que iba a toda pastilla y el tipo se pasaba el rato mojando al personal con sus múltiples armas, tales como metralletas o bazocas de agua.

Jim Beam y a dormir.

Día 4

Por la mañana fuimos al Harlem en una excursión que ya teníamos contratada. Visitamos un poco el barrio, estuvimos delante del teatro Apollo, en una casa de George Washington estratégicamente ubicada,pasamos por el lado del estadio de los Yankees, en el Bronx, y asistimos a una misa de gospel. La misa estuvo bien, pero no era lo que esperábamos, quizás porque la iglesia era pequeña o por lo que fuese. Pero yo me lo pasé bien, pues antes que nada soy amante de la música y el gospel me gusta. En todo caso es una experiencia muy recomendable.

Por la tarde fuimos al Central Park y de camino, en Times Square, nos encontramos con el famoso Naked Cowboy, haciendo las delicias de las féminas y tocándoles el culo en el momento de hacerse la foto con él. Todo un personaje, no hay duda de ello. Pasamos también por la Metropolitan Opera House de camino al proximo punto clave: el Dakota. Impresionante, tanto en el sentido arquitectónico como histórico. Allí mataron a John Lennon y recordarlo mientras uno mira el edificio es algo estremecedor. Más alegre es, sin duda, la zona del Strawberry Fields y el memorial circular a John, que reza la palabra "imagine" en el centro.

Descansar en el Central Park es grato, igual que en el Hyde Park londinense. Destaca el lago central con las vistas de los rascacielos al fondo, o la típica estampa newyorkina: gente realizando actividades en el parque en contraposición a la magnitud de las construcciones urbanas. La obligada visita al Museo de Historia Natural empezó bien, ya que la entrada era gratis al tratarse de domingo. Expone multitud de animales disecados y de dinosaurios, así como de objetos relacionados con la historia de las civilizaciones. La verdad es que tuvimos poco tiempo para visitarlo, pues nos echaron literalmente a las 18.30h. Hasta la hora de cenar estuvimos disfrutando del parque y del ambiente, ya que domingo era el día ideal debido a que los newyorkinos hacen fiesta y muchos deciden pasar el día en el pulmón de la ciudad.

Jim Beam y a dormir.

Día 5


Paseo por la Quina Avenida, empezando por la Biblioteca Pública de New York y siguiendo por el Rockefeller Center, la catedral de St. Patricks, el Atlas y las múltiples y lujosas tiendas que acaparan la avenida más famosa del mundo. Como no, entramos en Tiffany & Co., una de las joyeras más caras del mundo. Volvimos tras nuestros pasos cuando llegamos al Central Park y enfilamos la calle 42 hacia el Este, con destino la sede central de la ONU. Frente a ella la Trump World Tower, el edificio 100% residencial más alto del mundo.

Taxi y al Carnegie Hall, el auditorio más importante de la ciudad y puede que de Estados Unidos. Recorrimos parte de la Sexta Avenida, la de las Américas, y nos encontramos con el Radio City Music Hall, ubicado en el Rockefeller Center, que tiene cerca de seis mil localidades. Y de lugar mítico a lugar mítico: el Flatiron Building, para luego terminar donde un día estuvo el Max's Kansas City, mítico club de la ciudad y segunda casa de Andy Warhol y la Velvet Underground. Momentos de euforia para un servidor, sin duda. ¿Y qué mejor manera de terminar el día que tomando un refresco en el Nevada Smith's?

Jim Beam (foto con el dueño del bar dentro de la barra) y a dormir.

Día 6

Nos relajamos paseando por los alrededores del hotel y visitando el Madison Square Garden, que quedaba al lado. Es un lugar mítico, sin duda, pero yo pensé que era más grande y eso me decepcionó un poco, pero vamos, que la visita guiada que hicimos estuvo muy bien y sirvió para pisar esas memorables gradas, que tantas veces han hecho vibrar tanto a los amantes del deporte como de la música. Y hablando de música, irse de New York sin un souvenir del CBGB es un sacrilegio, así que nos dirigimos a la tienda oficial para dejar nuestra condición de herejes.

Jim Beam y a dormir.

Día 7

El día de la despedida de la ciudad fue tranquilo, pues nos pasaban a buscar a las 14.30h para ir al aeropuerto. Paseamos por los alrededores del hotel y fuimos al bar que cada noche vio nuestros cuerpos ingerir cantidades ofensivas de whiskey. Mis colegas siguieron con la tradición, pero yo preferí ahondar en esa stout que es la Murphi's. La camarera, en ver la foto con el jefe del local, conectó en seguida con nosotros y, como no, nos hicimos una foto dentro de la barra con ella. Eran nuestros últimos momentos en la ciudad que nunca duerme y los vivimos intensamente.

Ha sido un gran viaje y una mejor experiencia junto a mis colegas. Recomiendo ir a New York al menos una vez en la vida. Todo allí es grande, lleno de taxis, y con gente amable acostumbrada a tratar con el turista. Espero que esta larga crónica no haya sido pesada. Sólo queda decir: ¡New York! ¡New York!



lunes, 4 de junio de 2007

Lugares míticos | Abbey Road





The Beatles están de moda. Es que 40 años son 40 años. El Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band está de aniversario y desde aquí le deseo 40 años más (y cuantos más mejor) de plenitud. Pero este no es un artículo sobre el disco, de eso se encargaron con maestría mis colegas de Blogin' in the Wind. Esto es un homenaje a su madre, a la madre que lo parió, así como a muchos otros hijos míticos que me han hecho disfrutar durante muchos momentos: los estudios de Abbey Road.

Estar delante de la puerta principal y pensar que por ella han entrado grandes nombres de la música me dejó mudo. Con sólo imaginar en The Beatles y Pink Floyd grabando allí conseguí teletransportarme en el tiempo. Y nombrar Pink Floyd y Abbey Road a la par hace ineludible pensar en The Dark Side Of The Moon, uno de mis discos favoritos, una de las obras maestras que salíó de allí.



Creados en 1931 por la EMI, los estudios están situados en el distrito de St. John Wood, en Londres. Para llegar basta con bajar en la parada de metro St. John Wood. Es una zona tranquila, residencial, pero acostumbrada a los típicos visitantes que se hacen la foto de rigor en el paso de zebra, memorable por la portada del disco Abbey Road de The Beatles. Nosotros no fuimos una excepción y nos la hicimos, incluso uno se descalzó para emular al bueno de Paul. Por cierto, ¿está muerto? El debate se lo dejo para número 9 y su fantástico artículo al respecto.



Memorabilia de The Beatles en mano dejamos el lugar, aún pensando en lo que vivimos la noche anterior en el Hyde Park. Fue un binomio increible, ya que visitar Abbey Road con las sensaciones posteriores al Live 8 es algo que creo que nunca más volveré a sentir. Por cierto, este año los estudios verán como otro de sus hijos cumple también 40 años: The Pipper At The Gates Of Dawn de unos primerizos Pink Floyd con Syd Barrett como líder. Pero eso será en agosto, ahora soplemos las velas del Sgt. Pepper.

Suena: Lovely Rita - The Beatles






sábado, 19 de mayo de 2007

Lugares Míticos | 1, Logan Place

Logan Place es el nombre de una calle situada en el barrio de Earls Court, en Londres. ¿Pero qué tiene de particular el número 1? Nada más y nada menos que es la última casa en la que vivió Freddie Mercury, voz y alma matter del grupo de rock Queen. Gracias a mi amigo Josuè, que ya había estado allí, pude contemplar ese muro grafitado y esa puerta llena de inscripciones y dedicatorias hacia ese símbolo del rock. Pudimos gozar de tranquilidad para saborear esos momentos, pues cuando uno va a un sitio de esta índole siempre se pregunta si estará solo o no. Nosotros estuvimos solos, pero eso duró poco, ya que una mujer de Los Ángeles y un par de chicas de Londres mismo coincidieron con nosotros. Las chicas, especialmente jóvenes y ataviadas con camisetas de Queen, trajeron un ramo de flores y lo depositaron en la puerta.

El sitio es tranquilo, una calle residencial que no tendría repercusión alguna si no fuese porque allí vivió Freddie. Desde el exterior y siempre detrás del muro, sólo puede observarse un trozo de la casa que sobresale por encima del muro, con esa puerta verde con la inscripción Garden Lodge, 1 Logan Place. Ahora que recuerdo esos momentos me entran ganas de volver a estar, de volver a respirar esa tranquilidad. Es como si uno no estuviera en una ciudad tan magna como Londres. Ahora entiendo por qué Freddie quiso vivir en ese lugar.

Para llegar uno debe bajarse en la estación de metro de Earls Court y asegurarse de que sale por la salida que lleva a la avenida de Earls Court. En caso contrario saldremos delante del Earls Court Exhibition Center. Si salimos a la avenida sólo hemos de seguir arriba y girar a mano izquierda cuando veamos la calle Logan Place. La casa de Mercury se encuentra al final, tal como vemos en la foto aérea.

Si por lo que sea salimos delante del Earls Court Exhibition Center debemos seguir el siguiente trazado:


En fin, un sitio bonito al que ir y más si se es fan de Queen o melómano incorregible. De vez en cuando limpian la puerta, borrando esas frases que los devotos dejamos con el afán de que perduren, pero en seguida vuelve a llenarse, constatando que Freddie es una figura que, a día de hoy, sigue más viva entre nosotros que nunca.

Suena: Friends Will Be Friends - Queen

miércoles, 9 de mayo de 2007

Random Songs | Entrega 3

Pocas cosas hay más reconfortantes que tener la batería del iPod cargada al máximo, a fin de proporcionarle a uno el ideal hedonista que anda buscando cuando las melodías empiezan a sonar. Y es que la música no es nada más que placer, buscado o no. Y precisamente cuando no es buscado a mi me cunde el doble. ¿O acaso uno no recuerda ese día que entró en un bar, a cualquier hora del día, y empieza a sonar esa canción? Para mi es de las mejores sensaciones que existe. Pero centrémonos en ese placer semi-buscado, cuando sabes que algo va a sonar pero no sabes qué.

Heaven & Hell. The Who. Y no cualquier versión no, nada más y nada menos que la del fantástico Live At Leeds, un directo atronador y merecedor de todos los adjetivos que uno pueda darle. Empezar un disco en directo con este tema es como prender la mecha de una traca que desestabilizará el cerebro receptor para siempre. Con un Keith Moon sencillamente impresionante y apabullante, con un John Entwistle tocando la nota ahí donde toca, con un Pete Townshend más airado que nunca y con un Roger Daltrey en su apogeo de rockstar empieza la fiesta. En 1970 ocurrió un terremoto: cuatro béstias sobre un escenario fueron la causa.

Enviroment In 3 Parts. Jeff St. John's Copperwine. Procedentes de los Estados Unidos, JSJC eran unos expertos músicos con raíces blueseras. El tema que nos ocupa es una variada pieza del disco Joint Effort, de 1970. Tiene de todo, desde el blues rock más americano hasta tintes psicodélicos y pasajes baladísticos. Todo acompañado de una gran instrumentalización, protagonizada por ese órgano que se adapta a todo lo que venga. Tres partes, tres delícias, pero mejores que el arroz. De paso quiero decir que el disco es buenísimo, llenos de matices que, a medida de irnos familiarizando con él, iremos encontrando, cual buscador de pepitas de oro. Oculto como el que más, es un trabajo que merece un reconocimiento que no tiene, como suele pasar con grandes obras de la música.

There She Goes Again. The Velvet Underground. Uno de los temas más fáciles de un disco que ahora cumple 40 años. Absolutamente imprescindible, su huella en lo que vino después es innegable. Un ritmo tranquilo y constante, excepto en los veinte segundos finales acompaña la canción, cuyo inicio es, con esos toques de batería y acordes de guitarra, algo fácilmente identificable. Y si algo tiene La Velvet es eso, que escuchas un par de notas y ya sabes que estás ante uno de los grupos más importantes de todos los tiempos. Por cierto, ojo a los coros...

Here Comes The Sun. The Beatles. Un crack. Eso era George Harrison. ¿Aún hay dudas? No para mi después de escuchar este tema. Todo empieza con una agradable guitarra acústica... No puedo evitarlo, se me pone la piel de gallina ante la belleza hecha canción, una composición que suena a despedida, a despedida de una carrera plagada de éxitos que empezó con ese primer Please, Please Me. Los sintetizadores le dan una dimensión casí mística, extraterrestre... y la melodía... todo es perfecto porque aquí viene el Sol...

My Heart Beat Like A Hammer. Fleetwood Mac. Composición original de Jeremy Spencer que Fleetwood Mac se encargó de endiablar. Blues! Blues! Blues! Well, my heart beat like a hammer, my eyes plumb full of tears... forma parte del enfermizo estribillo, agarrado siempre de la mano por esa trepidante base rítmica y esa excitante guitarra. Y estamos en 1968 señores, el año en el que se editó Peter Green's Fleetwood Mac, disco que contiene esta canción, que bien puede ser una muestra de lo que nos deparan los surcos del vinilo: blues hecho con el corazón y cantado con todo el sentimiento. Para mi es uno de los mejores discos de finales de los 60, sin dudarlo.

lunes, 23 de abril de 2007

Roger Waters | Barcelona, 21/04/07

Bajo el título de The Dark Side Of The Moon Live Roger Waters presentó el sábado pasado en Barcelona un espectáculo para recordar. Con el Sant Jordi lleno hasta los topes, bien por el reclamo de escuchar el disco cumbre de Pink Floyd entero, o bien por el lugar de actualidad que recobró el grupo debido a su fugaz reunión en el Live 8, Waters hizo un concierto realmente bueno, y lo digo desde el punto de vista de fan de su trabajo, de melómano y de amante de un buen espectaculo.

El recital poco tuvo que ver con el que realizó el 8 de mayo del 2002 en el mismo lugar. Empezando por la gran pantalla rectangular de gran definición que presidía el escenario. En ella se mostraba, antes de empezar, una radio de las clásicas, un cenicero lleno de colillas, un vaso de whisky y humo de alguien que fumaba. Iba cambiando de emisora y los asistentes es lo que escuchaban por los altavoces, predominando el R&R más clásico. Buenos presagios. A su lado dos pantallas más por las que se mostrarían imagenes del concierto.

Pasados un par de minutos de las 21.30h las luces se apagaron y el público, plagado de personas de todo tipo y condición, empezó a gozar cuando In The Flesh empezó a sonar. Potentísimo, soberbio y acurado, así defino como yo lo escuché. Roger, bañado por un alo de luz, empezó a cantar y desde el primer momento obtuvo la complicidad de los allí asistentes. Mother tomó el relevo, esa genial composición de The Wall, disco que no volvió a tener representación hasta los bises. Después de poner otro ladrillo en el muro gracias a esa madre sobreprotectora, Roger nos hizo recordar ese trabajo llamado Saucerful Of Secrets tocando Set The Controls For The Heart Of The Sun, mientras por la enorme pantalla salían imagenes de los inicios del grupo disfrutando en una playa. Grande. Los aplausos que desató ese tema se sobrepusieron a los gritos de admiración cuando el sintetizador que abre Shine On You Crazy Diamond irrumpió en escena, a la par se vislumbraba el contorno de la tierra en llamas y, posteriormente imagenes de Syd Barrett. La tierra brilló con intensidad pero se quemó, al igual que el diamante loco. Más que nunca esa canción sirvió como homenaje a una de las grandes figuras musicales de los últimos 40 años. Barrett estaba ahí y todos le recordamos. Have a Cigar y Wish You Were Here, cantada a coro por todos fueron los siguientes temas que interpretó. Como no los mecheros se encendieron, pero para constatar que vivimos en el siglo XXI se mezclaron con las lucecitas de las pantallas de cámaras digitales y móbiles de alguna que otra generación.


El turno de The Final Cut llegó con la interpretación de Southampton Dock y The Fletcher Memorial Home. Roger, sentado en un taburete y guitarra acústica en mano cantó dos de los mejores temas de dicho disco. Llegó el turno de dos de sus canciones en solitario. Primero nos deleitó con Perfect Sense, canción donde el coro de chicas, con PP Arnold entre ellas, brilló con luz propia. Y la primera sorpresa de la noche: un astronauta teledirigido sobrevoló el Sant Jordi ante la mirada de todos. Luego presentó Leaving Beirut que fue tocada con viñetas de comic contando la historia en esa gran pantalla. Y llegamos a uno de los puntos fuertes del concierto: Sheep. El sonido cuadrafónico se escuchaba muy bien, al menos desde mi posición. Era apabullante pero depurado. I, como no... cerdito al vuelo, esta vez pintado con motivos antibelicistas y contra algún que otro presidente. Por la pantalla, la Battersea Power Station vista desde el aire. Guiño al disco Animals y descanso de 15 minutos.

Pum, pum, pum, pum, pum, pum... ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh! Y Breath retumba en el Palau como nunca, como inicio de la interpretación completa de The Dark Side Of The Moon, la apoteosis sónica de Pink Floyd, el disco que los encumbró a lo más alto. La gente enloqueció, yo el primero, sólo de saber que lo mejor del concierto había empezado. Me puse el babero y agudicé aún más los sentidos, a fin de captar todo el mensaje, de disfrutar de ese perfecto mural audiovisual. Gracias a On The Run Harry Waters, hijo de Roger, tuvo protagonismo dentro del show de su padre. Mirando la gran pantalla controlaba el sintetizador y de vez en cuando introducía nuevos y estrudentes sonidos. Impresionante. Tuve la sensación de que la música me controlaba, que era el cerebro que gobernaba mi cuerpo. Sin poder tomar aliento llegó Time, mi canción favorita del disco. Atronadores los relojes despertadores y Roger aún sin cantar pero sí disfrutando y caminando de una parte a otra del escenario. El solo me gustó mucho, pero, sin duda alguna, no era Gilmour quien lo tocaba. Uno debe ser consciente de eso y disfrutará mucho más el concierto. Yo no quería pensarlo, no quería evocar en mi memoria que Dave no estaba allí, pero no pude evitarlo y pensé "wish you were here". La piel de gallina se me puso con The Great Gig In The Sky, cantada creo que por Kate Kisson. Increible, no hay mejor adejtivo.

Le damos la vuelta al vinilo y la caja registradora de Money hace su aparición. Momento por excelencia de Waters al bajo y el ya clásico vinilo dando vueltas en la pantalla. Money! It's a crime!. Y llegamos a Us And Them. Genial y brutal en su estribillo. El colofón fué la trilogía final, empezando por Any Colour You Like, interpretada a la par con increíbles e hipnóticas imágenes. Pero fue en Brain Damage donde los asistentes nos llevamos la mayor sorpresa: un láser en forma de pirámide colgando del techo. Alucinante, pero más alucinante fue cuando durante Eclipse la portada de The Dark Side Of The Moon fue completa, ya que la descomposición de la luz fue lo que vieron nuestros hojos, mientras el prisma iba dando vueltas e iluminando a los presentes. Brutal y conmovedor a la vez. Y quedaban los bises... The Happiest Days Of Our Lives, Another Brick In The Wall Part II, Vera, Bring The Boys Back Home y Comfortably Numb fueron el mejor colofón a un increible concierto. Creo que a Roger a nivel de puesta en escena no se le puede pedir más. Terminó abrazándose a sí mismo recibiendo la ovación del público, en signo de agradecimiento. Gracias Roger, te veré en la cara oscura de la luna...

miércoles, 18 de abril de 2007

Lugares míticos: Battersea Power Station

La Battersea Power Station es una antigua central eléctrica situada en la zona de Battersea, en Londres. Del arquitecto Sir Giles Gilbert Scott, se empezó a construir en 1939. A día de hoy, la BPS se ha alzado como uno de los símbolos de Londres, aunque no a nivel tan popular como pueden serlo otros. Su peculiar diseño la hacen identificable al momento. Y si hablamos de diseño debemos mencionar que ahora está en remodelación, ya que se tiene previsto que sea uno más de los centros culturales y de ocio que hay en la capital del Reino Unido.

Para mi es un lugar mítico porque Pink Floyd, en su célebre disco Animals, de 1977, la retrató en portada con un cerdo hinchable entre dos de sus chimeneas. La anécdota es que el cordón que sujetaba al cerdito no aguantó y éste se fue volando hasta caer, se cuenta, en Kent. El capitalista (el cerdo) con uno de los símbolos del capitalismo (la central eléctrica). Y es que Animals es una crítica al capitalismo más feroz, aquél que oprime a muchos para el placer de unos pocos. Precisamente está basado en la obra Revelión en la Granja, de George Orwell... Además de Pink Floyd, otros artistas han homenajeado la construcción. Sin ir más lejos, en la reciente película Hijos de los Hombres aparece la BPS convertida en la residencia de un magnate. De paso hay una referencia a Pink Floyd, ya que el cerdito hinchable también goza de su momento de gloria.

Mi primer contacto con la BPS lo tuve durante el Live 8, y más concretamente el día después, cuando nos levantamos de una siesta nocturna en una de las carpas del Hyde Park. Vislumbrando el que la noche anterior había sido el escenario de un momento histórico vi, junto con mis compañeros, las cuatro chimeneas de la Battersea Power Station en el horizonte Londinense. Foto haciendo el pino y con ellas de fondo fue mi primer recuerdo. No había tiempo para más, así que me fui de Londres sin verla, sin contemplar su poder. Aún después de haber presenciado la reunión de Pink Floyd, uno de los sueños que tenía en la vida, tenía ese gusanito de no haber visto la central eléctrica en todo su esplendor.

Ahora ya no hay espina clavada, ya que aprobechando la asistencia a uno de los conciertos que David Gilmour dio en el Royal Albert Hall la vi. Una de las maneras para llegar es bajar en la estación de metro Vauxhall, o en la de Pimlico aunque no son las que nosotros, mi compañero y yo, utilizamos. Pudimos contemplarla desde el otro lado del Támesis, presidiendo ese gran río. Fue algo increíble, pero era real. Cuando visito algún lugar de este tipo me cuesta hacerme la idea de que estoy allí, de que ése es el sitio, y eso mismo me pasó cuando esas cuatro torres me dominaban. Lo que sin duda haré, en una futura visita a Londres, es bajarme en Vauxhall, al otro lado del Támesis, y acercarme lo máximo posible a tan magna obra.

Suena: Dogs - Pink Floyd