viernes, 4 de noviembre de 2005

Neil Young | Harvest (1972)


Este es, actualmente, el disco que me tiene enganchado. De principio a fin te va deleitando con un sonido folk mágico, bañado por esa eterna harmónica de Neil Young, un músico con solera y que recientemente nos ha ofrecido "Prairie Wind", cerrando así la trilogía iniciada con "Harvest" y seguida por "Harvest Moon". Larga vida a Neil Young.

martes, 27 de septiembre de 2005

Love | Forever Changes (1967)

"Forever Changes" es un disco único. La primera vez que lo escuché lo hice de un tirón. Sencillamente era incapaz de saltar de canción, pues la música me atrapó al instante con esa Alone Again Or. Ese inicio acústico que deriva en una melodía encandiladora a la que, si sumamos esos arreglos orquestrales (sobre todo esa trompeta final)adquiere un carácter épico, terminando con la guitarra inicial como si nada hubiese pasado. Es, quizás, la canción más famosa del álbum. Dejemos paso a A House Is Not A Motel, que nos sorprende en su inicio con un pegadizo ritmo por parte de la batería. Aqui vemos, puede, al Arthur Lee más roquero de todo el disco. En la composición destaca el final, con la aparición de una guitarra eléctrica apabullante en su distorsión final. Andmoreagain es una increible conjunción de orquestra y guitarra acústica convertida en balada, todo bañado por la bella voz de Lee (...I Love You... oh... oh...). Un espléndido riff de guitarra (siempre acústica, a menos que diga lo contrario) nos acerca hasta The Daily Planet, que contiene alguna pincelada de psicodelia (la voz de Lee me recuerda en algún momento a la de Syd Barrett). Old Man es un excelente tema, vehículo a través del cual podemos descubrir el sentimiento en la voz de Bryan Mclean, en la que es su única aportación como vocalista principal en el disco. The Red Telephone tiene un sinuoso y misterioso ritmo central (acústica + orquestra, una vez más), con algún que otro toque de psicodelia, conformando una canción serpenteante y que consigue a uno capturarlo con ese hipnótico final (freedom... freedom...). Maybe The People Would Be the Times Or between clark and Hilldale empieza potente, con una guitarra y una trompeta complementando los versos de Lee. Encontramos aquí otro punteo de guitarra eléctrica.

Live And Let Live. Cuando la batería entra en esta composición la transforma, adquiriendo la voz de Arthur Lee un tono dramático. Esos golpes de percusión ofuscan la canción para luego resurgir con un solo de guitarra eléctrica, reconduciendo así la canción hasta el mismo punto donde empezó. Para mi, es la canción más depresiva del disco y puede que la más expresiva y la que me transmita más. The Good Humor Man He Sees Everything Like es una canción que pondría mientras alguien recuerda su pasado, ya que tiene un punto nostálgico en su melodía, con algunos pasajes algo infantiles producidos por la orquestra. Es como si Lee recordara su infancia. El coletazo de la canción es increíble, con ese desajuste en la orquestración que el primer día que es escuchado hace creer que el disco se ha rayado. Bummer in the Summer. Canción donde la voz se desliza con celeridad por las notas (me imagino conduciendo una ruin camioneta americana por el desierto...). Es una composición rápida, directa y que pide a gritos volver a ser puesta. Con You Set The Scene llegamos al final. ¿Y qué mejor final que el que aporta esta canción? Una alegre melodía, con un épico coletazo que nos invita a poner de nuevo el disco para encontrarle nuevos matices.

Un disco eminentemente acústico, amenizado por bellos pasajes orquestrales y con puntuales apariciones de guitarra eléctrica; con cambios de ritmo súbitos pero elegantes. Esto (y algo más) es "Forever Changes", de Love, un disco que no debe faltar en toda buena colección musical. Se da el caso de que cuanto más lo escucho más me seduce, y pienso cómo podía antes vivir sin conocerlo. Un álbum imprescindible, una obra maestra.

1. Alone Again Or

2. A House Is Not A Motel

3. Andmoreagain

4. The Daily Planet

5. Old Man

6. The Red Telephone

7. Maybe The People Would Be The Times

Or Between Clark And Hilldale

8. Live And Let Live

9. The Good Humor Man He Sees

Everything Like This

10. Bummer In The Summer

11. You Set The Scene


martes, 6 de septiembre de 2005

Un ballet y Pink Floyd

Llegué a los alrededores del Teatre Tívoli una hora antes del espectáculo, para vivir un poco el preámbulo del acto. Tomé un par de fotos de la cartelera y esperé fuera, mirando cómo un grupo cada vez mayor de personas hacía cola. Cuando se abrieron las puertas y entramos en el teatro, me encontré en un escenario muy bonito y, creo yo, digno para acojer un esdevenimiento de este tipo.

Con algo de retraso empezó Run Like Hell, interpretada por un solo bailarín. Coincido con Syd Barretina en que fué un inicio un poco pobre. Sonó luego el tema Money, con ya más bailarines en escena, haciendo movientos perfectamente acorde con lo que es la canción. Se movían como robots... como máquinas registradoras. Yo no podía evitar el cantar las canciones -pero sólo moviendo los labios- mientras gozaba con el trabajo de esos artistas japoneses.

Una de las novedades del ballet fué el "paso a dos" creado por Roland Petit. En él, un bailarín y una bailarina se mueven mientras la intemporal The Great Gig In The Sky fluye por los altavoces. Fué este un gran momento, con la pareja simulando amarse y al compás de la melodía... la mujer que tenía a mi lado soltó un "ooohh"...

En One Of These Days se pudo ver todo el potencial de los bailarines, coordinando movimientos de forma rápida y precisa, de un lado a otro del escenario. La coreografía era rápida y frenética, haciendo honor al ritmo de la canción, sobre todo cuando el slide deleita los oídos de un fan.

Fué increble el hecho de que todos los espectadores escucharan canciones como Careful With That Axe, Eugene, When You're In o Obscured By Clouds, temas no precisamente famosos de la banda, pero que claro, cuando se estrenó el ballet a principios de los '70 eran los temas que tocaban en directo.

Para finalizar hubo otra interpretación de Run Like Hell, esta vez más potente y vistosa, a cargo de unos cuatro o cinco bailarines de street dance. La ovación posterior fué impresionante, con la gente entregada y de pie, premiando el trabajo de esos profesionales y de Roland Petit. Nos volvieron a deleitar con una repetición de One Of These Days y me fuí a casa con un sabor de boca inmejorable.

lunes, 22 de agosto de 2005

Pink Floyd en el Live 8 | Estuve en el Hyde Park


Artículo publicado originalmente el 4 de julio del 2005.

En un arrebato de locura fui a Londres, sin entrada, en busca de la posibilidad de ver a Pink Floyd. Fue un viaje de ida el sábado y de vuelta el domingo, y ha resultado ser un éxito. Ahora puedo morir en paz.

La llegada a Londres coincidió con una llamada de una de nuestras madres. Nos dijo que el Live 8 ya había empezado, con Paul McCartney. Andamos hacia el Hyde Park con los nervios a flor de piel sin saber qué nos encontraríamos. Una vez allí recuerdo que me excité mucho en primera instancia, pero que luego me puse triste porque vi que no podría entrar… pero vamos por partes.

Nada más llegar vimos a unas personas que se colaban dentro por debajo de una verja opaca. Manel y Josep no se lo pensaron y se colaron también, detrás fuimos Josuè y yo, pero éste desistió diciendo “¡los han pillado!”, así que nos quedamos fuera. Vimos como los de seguridad agarraban a Manel y Josep y se los llevaban. Luego la zona se llenó de polis y la gente empezó a chillar y a pegar las verjas para que les dejaran entrar. Fuimos, Josuè y yo, en busca de la entrada principal y topamos con un cordón de seguridad increíble, así que nos quedamos delante de una verja que no era opaca. En ese instante me llamó Manel y lo localicé justo a la entrada. Para que os hagáis una idea, había un primer perímetro de seguridad y luego otro que sí delimitaba la zona del concierto. Josep y Manel saltaron el primero, pero se quedaron a las puertas del segundo y definitivo.

Una vez localizamos a nuestros amigos fuimos a dar una vuelta alrededor del perímetro de seguridad para mirar posibles entradas, pero no vimos nada y, lo que vimos, estaba vigilado, muy vigilado, así que decidimos volver delante de la valla donde podíamos ver a nuestros compañeros y escuchar la música. Así estuvimos unas horas, no recuerdo cuantas. Y llegó el momento: miré a los lados y no vigilaba nadie, miré delante y dentro: tampoco vigilaba nadie. Así que ante del asombro de todos empecé a escalar y salté la verja. Algo dentro de mi me impulsó a hacerlo, me dijo que no era justo quedarme ahí fuera… una vez en el suelo anduve de forma natural por si me veían pero no fué así y seguí andando hasta Josep y Manel. La gente de detrás de la verja estaba callada, respetando el silencio para no alertar a los guardas: eso es solidaridad. ¡Al girar la cabeza vi que mi amigo también había saltado! Habíamos superado el primer obstáculo, pero ahora llegaba lo más difícil. Cuando llamamos a Manel y Josep y nos vieron alucinaron. Pocas personas se colaron, y nosotros éramos unas de ellas. Yo estaba excitadísimo, como el resto de mis amigos. Llegamos a la entrada pero no nos dejaron entrar. Había unos seguratas que sí que querían dejarnos, pero había otros que no. Entre los partidarios del si había un español. Éramos veinte personas pidiendo a súplicas que nos dejaran entrar, pero no hubo forma. Es más, dentro de unos minutos nos empezaron a hechar hacia atrás verbalmente y con mala leche y empezaron a poner verjas entre nosotros y la entrada. Ahí vi cláramente que no nos dejarían pasar. Empezamos a abuchear a los de seguridad y a insultarlos, eran cosas que dijimos desde dentro y en caliente, cosas que gracias al idioma no lograron entender.

Súbitamente se me acercó Manel y me proporcionó una entrada que había pedido a unos que salieron del concierto. Él tenía otra. Las entradas constaban de dos partes, pero sólo eran válidas si no estaban cortadas, y en nuestro caso sí lo estaban. Fuimos primero con unos seguratas que se dieron cuenta del timo, pero luego fuimos hacia una chica que no, y conseguimos así entrar! Mientras andaba hacia dentro me giré y vi a Josuè y Josep en la valla. Les grité pero no me escucharon, y supuse que después del concierto estarían por ahí para encontrarnos. Deseé también que lograsen entrar y, triste por ellos pero alegre por mi entré en el concierto con Manel. Debían ser las 18h y estaba actuando UB40. Mi visión de aquello quedará gravada para siempre en mi: miles de personas en hermandad, sentadas o de pie, comiendo, bebiendo, hablando, disfrutando de la música y basura, mucha basura. Parecía Woodstock. Había varias pantallas gigantes que permitían seguir el espectáculo, ya que ver en el escenario a los músicos era casi imposible por el gran volumen de gente que había y la distancia que separaba al resto del escenario. Parecía cerca, pero no lo estaba.

Cuando nos hubimos ubicado yo intentaba asimilar lo que iba a presenciar, pero no podía. Manel y yo, con nuestras camisetas de Pink Floyd llamamos la atención, y más de uno nos preguntó si las habíamos comprado ese mismo día. A uno de ellos le dijimos que veníamos desde España expresamente para ver a Pink Floyd y que nos habíamos colado y alucinaron. ¡Incluso nos hicieron fotos a los dos juntos! Disfrutamos (o no) de las actuaciones, especialmente con The Who, con los que quedé realmente impresionado. Antes tocaron Sting y Madonna, entre otros.

EL MOMENTO HABÍA LLEGADO. Empezamos a chillar y la gente alucinaba, se notaba lo que habíamos venido a ver. Cuando el pulso del Dark Side empezó a sonar me quedé pasmado, sin asimilar aún – ni ahora—lo que íba a ver. En las pantallas pasaban un encefalograma que íba marcando el pulso… ¡Pink Floyd! ¡Eran ellos! Todos los grupos fueron presentados menos ellos… no la necesitaron, son diferentes, son, sencillamente, la mejor banda que ha pisado la tierra. Cuando escuché por primera vez la voz de Dave me inundó una alegría indescriptible, ya que por fin había cumplido el sueño de mi vida.

Los momentos fueron sucediendo implacables y no dejé de cantar, ni de reir, ni de alucinar, ni de… ni de brillar. Por la pantalla veía las imágenes y me impactó tanto ver primero a Gilmour y luego a Waters que aún ahora no me lo creo. La imagen de ellos juntos en estos tiempos actuales es algo que los floydianos no tenemos interiorizado y eso fue un shock. Lo que me dio pena es que la cámara no enfocó ni una sola vez a Rick, él no merece eso. Luego tocaron Money y el público enloqueció, con ese bajo al principio ¡y con el saxo! En las pantallas empezó a verse una persona con el saxo, tocando, y con Manel dijimos si sería Dick Parry… lo era. Empecé a gritar su nombre y la gente se descojonaba de risa. Supongo que ver a alguien enloquecer da por reir. Sigamos con los buenos momentos: Wish You Were Here. Mientras sonaban las primeras notas Roger dijo: “Es realmente emotivo estar aqui con estos tres tipos despues de todos estos años. Hacemos esto para todos los que no estan aqui, particularmente, por supuesto para Syd.” Luego entró Dave con la la guitarra y sonó de maravilla, mágico, celestial. Ese “So, so you think you can tell…” provocó que miles de personas cantaran al unísono el himno acústico de Pink Floyd por exceléncia. Recuerdo que grité “¡There is music and there is Pink Floyd!”Al recordar estos momentos se me pone la piel de gallina, y más al recordar cómo Dave cantó primero y Roger después. Eso fue sencillamente conmovedor. ¡Después de 24 años el grupo estaba unido! Mason estaba con lo suyo, siempre con el toque justo, con el ritmo preciso y concentrado al 100%. Su imagen en las pantallas mostró a alguien que nunca ha hablado de más, a alguien que forma parte de la leyenda.

Terminada Wish You Were Here llegamos a la cúspide del concierto: Comfortably Numb. Ver a Roger y Dave cantar juntos esta canción no tiene precio. ¡Y el solo! ¡EL SOLO! Tantos momentos pasados en mi habiatación deseando escuchar eso en directo… El solo, junto con ese cerdito hinchable, dato de Manel, me transportaron antaño, cuando Pink Floyd tocaba su The Wall. Mientras las notas emanaban de la Fender negra de Dave me elevé, empecé a flotar por encima de los presentes y llegué hasta el escenario, fundiéndome con una de las notas y llegando al cielo, para perdurar para siempre en el oído de los presentes, convirtiéndome así en algo latente para ellos durante el resto de sus vidas. Yo era una nota más, yo era Pink Floyd, Pink Floyd somos todos, lo llevamos dentro, y cuando tocaron Wish You Were Here la tocaron para todos los floydianos del mundo, deseando que estuvieran en Hyde Park pero sabiendo que, estando en cualquier parte del planeta, sentirían de la misma forma a Pink Floyd.

Un “Thank You Very Much, good night” hizo quedar a Gilmour como lo que es, un señor, y el abrazo final hizo quedar a Pink Floyd como lo que es, algo a aparte de la música. Esa imagen de los cuatro juntos después de 24 años es la imagen de la noche, lo que pasará a la posteridad.

Después de esto decidí ir en busca de Josuè y Josep y quedé con Manel en la entrada. Él se fue a ver de más cerca de a McCartney, que cerraba el concierto, yo lo hice por las pantallas. Por fin aparecieron… ¡y habían logrado entrar! ¡Habían visto el show! Mi alegria fue inmensa y cuando llegó Manel nos fundimos en un abrazo los cuatro y empezamos a botar, como un equipo de fútbol. Lo habíamos logrado.

Gracias, Pink Floyd

Shine On!